DE LA CARNE DE VACA A LA CARNE DE BURRO: Otra política de Milei

16/04/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
La promesa de campaña de Javier Milei de bajar el precio de la carne quedó sepultada bajo la escalada inflacionaria. Lo que antes era un alimento cotidiano hoy se transformó en un lujo inaccesible: los precios superaron los 25.000 pesos por kilo y, solo en el último mes, aumentaron más de un 10 por ciento. En ese escenario, empezó a ganar terreno una propuesta impensada: vender carne de burro a 7.500 pesos el kilo.

El deterioro del consumo no fue inmediato, pero sí constante. Primero, las familias compraron menos cantidad. Después, migraron hacia opciones más baratas: el pollo y el cerdo crecieron en ventas, aunque también arrastrados por los aumentos. Luego, el huevo se consolidó como refugio, la proteína más accesible. Ahora, el proceso suma un giro más crudo: en el país de la carne vacuna, productores impulsan la faena de burros como alternativa para sostener el acceso a una porción de carne.

Gonzalo Moreira, dueño de una carnicería en la Ciudad de Buenos Aires, describió el cuadro con crudeza. Habló de una recesión que golpea a todo el sector, de ventas que se sostienen a base de tarjetas y pagos en cuotas, incluso para alimentos. El cambio en los hábitos es evidente: la compra de carne vacuna cayó un 20 por ciento, mientras el cerdo y el pollo ocupan su lugar. Hoy, un kilo de carne vacuna oscila entre 15 y 18 mil pesos, contra los 8 o 9 mil del cerdo.

En ese contexto aparece la carne de “burros patagónicos”. Moreira reconoce la contradicción: no es una opción deseada, pero sí una respuesta a la necesidad. La lógica es simple y brutal: si no se puede acceder a la carne tradicional, cualquier alternativa empieza a ser considerada.

La idea tiene nombre propio. El productor rural Julio Cittadini impulsó el proyecto “Burros Patagones” y ya concretó sus primeras ventas. La respuesta del mercado fue inmediata: el stock previsto para una semana se agotó en apenas un día y medio.

Lejos de la informalidad, la iniciativa cuenta con autorización del Ministerio de Producción de Chubut y cumple con los controles bromatológicos. No es un circuito clandestino, sino un emprendimiento que emerge en medio del derrumbe del consumo.

La postal es contundente: en un país históricamente identificado con la carne vacuna, el asado se vuelve inaccesible y la mesa se reconfigura al ritmo del ajuste. Lo que antes era tradición, hoy es privilegio. Y lo que parecía impensado empieza a ocupar su lugar.