08/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Milei, Karina, Santilli y Adorni. Imagen: LPO/Juanca Casas.
Javier Milei firmó un decreto que el Gobierno vende como una cruzada histórica contra la corrupción en la obra pública. Pero la primera gran concesión vial de su gestión deja al desnudo una contradicción escandalosa: las rutas 12 y 14 quedaron en manos de una empresa acusada de corrupción en la causa Cuadernos.
Mientras el Presidente declama “fin de los curros”, el Estado nacional adjudicó la explotación de dos de las rutas más importantes del país a Cartellone, la constructora de Alejandro Cartellone, imputada por el pago de coimas y con una decena de causas judiciales abiertas. Todo legal, sí. Todo éticamente explosivo, también.
El Gobierno celebró la concesión como un hito del “nuevo modelo” libertario: obra pública financiada por privados. La letra chica muestra otra cosa. Para que el negocio cierre, Toto Caputo tuvo que habilitar un crédito del banco estatal BICE por 50 millones de dólares y autorizar peajes hasta tres veces más caros que los actuales. Privatización con muletas del Estado.
Las rutas 12 y 14 no son caminos secundarios: son arterias clave del Mercosur, hoy convertidas en trampas mortales. Están destruidas, sin mantenimiento y con víctimas fatales que se acumulan. Solo el último fin de semana murieron once personas en Entre Ríos, y este lunes una familia entera perdió la vida en la ruta 14, a la altura de Chajarí.
Aun así, el Gobierno avanzó. Caputo sabía perfectamente que Cartellone está siendo juzgada en la causa Cuadernos cuando le entregó la concesión. No fue un error. Fue una decisión política.
¿Entonces cómo encaja esto con el decreto “anticorrupción” de Milei? Fácil: el decreto viene con trampa. Solo prohíbe contratar empresas sancionadas por el Banco Mundial o el BID. La lista es mínima y selectiva. Cartellone no figura, como tampoco otras grandes constructoras argentinas cuestionadas por la Justicia.
Resultado: decreto rimbombante, efecto nulo. El discurso dice una cosa, la realidad hace otra.
Desde la medianoche del 7 de enero, las rutas 12 y 14 ya están en manos de los nuevos concesionarios. Con rutas detonadas, muertos recientes y un concesionario bajo sospecha penal, el “modelo Milei” arranca su obra pública con un mensaje inquietante: la corrupción no se termina, se administra.
La gravedad del estado de las rutas obligó incluso al gobernador Rogelio Frigerio a negociar contrarreloj para que las obras empiecen de inmediato, al menos sobre la ruta 12. Demasiado tarde para quienes ya perdieron la vida.
«El Gobierno prometió romper con el pasado. Pero eligió empezar repitiéndolo».







