¡DESTRUCCIÓN EN LA INDUSTRIA LÁCTEA!: Quiebra de la empresa que hacía los postres de SanCor Cooperativas Unidas y más de 400 despedidos

25/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Productos Shimy, Sancorito, Sublime, Vida y Yogs, entre otras. Imagen: Web.

La crónica de una debacle anunciada terminó convirtiéndose en tragedia económica y social. La Justicia comercial decretó la quiebra de Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), la firma que desde hace años producía los yogures, flanes y postres “de lata” que millones de argentinos consumen bajo marcas como Shimy, Sancorito, Sublime, Vida y Yogs, entre otras. Con el fallo del juez Federico Güerri, del Juzgado Comercial N.º 29, se ordenó la liquidación final de la empresa y el cierre definitivo de todas sus instalaciones. El resultado es brutal: más de 400 trabajadores despedidos sin aviso ni red de contención, un golpe que agrava la crisis que sacude al sector lácteo y a toda la economía popular argentina.

La quiebra no es un hecho aislado ni fortuito. ARSA llevaba más de dos años de crisis financiera con salarios atrasados, suspensiones y deudas con proveedores y empleados. El concurso preventivo iniciado en abril de 2024 fracasó por la falta total de oferentes interesados en salvar la firma, pese a que en algún momento circuló el rumor de posibles salvadores como Inverlat (dueños de Havanna), el grupo Werthein o el fondo CarVal. Ninguno apareció. Ni milagro económico ni plan industrial. La empresa fue conducida por años con números rojos, hasta que el último hilo se rompió y terminó cediendo definitivamente.

Un emblema lácteo que terminó en quiebra

ARSA, heredera de la histórica producción industrial asociada a SanCor, tenía dos plantas clave: una en Arenaza, partido de Lincoln (Provincia de Buenos Aires) —con unos 180 empleados—, y otra en Monte Cristo (Provincia de Córdoba) —con aproximadamente 200 trabajadores—, además de una red logística que llegaba a unos 165 distribuidores y abastecía a cerca de 70.000 comercios en todo el país semanalmente. Ese entramado productivo se derrumbó de manera vertical.

La producción de flanes, postres refrigerados y yogures que acompañan la vida de miles de familias argentinas durante décadas —marcas que en otras épocas fueron sinónimo de trabajo estable y economía regional— hoy queda atrás como símbolo del colapso. La quiebra transforma una historia de producción industrial en una larga fila de telegramas.

El drama de los despedidos: sin sueldos, sin indemnizaciones y sin futuro

Los trabajadores despedidos —muchos con más de 30 años de antigüedad laboral— quedaron de un día para el otro sin empleo ni certezas, mientras que las presentaciones judiciales por Pronto Pago Laboral Colectivo ya comenzaron a multiplicarse en los juzgados exigiendo el pago de indemnizaciones, preaviso y salarios adeudados. Algunos empleados denunciaron que venían cobrando de forma irregular en los últimos meses, e incluso solo una parte mínima de sus haberes. El fantasma de la obra social sin aportes desde hace años también ronda la angustia colectiva.

¿Culpables o víctimas de una crisis sistémica?

Desde la empresa, y en su momento ante la Justicia, se intentó achacar la debacle al contexto económico nacional marcado por alta inflación, caída del consumo, encarecimiento de la leche cruda y controles de precios. Sin embargo, referentes del sector lácteo y fuentes sindicales no se conforman y apuntan a problemas estructurales de mala gestión y desgaste estratégico en el negocio, además de una política económica que debilitó todo el entramado productivo.

La crisis de ARSA se superpone con la de la propia SanCor Cooperativa, que desde 2025 enfrenta su propio concurso preventivo con una deuda que ronda los US$ 400 millones, despidos y reducción drástica de actividad en varias plantas. La caída de la cooperativa madre y el colapso de una empresa proveedora clave es, para muchos, la confirmación de que la crisis láctea no es coyuntural sino estructural en Argentina.

Más señales de alarma en la industria argentina

La quiebra de ARSA se suma a otros episodios de desindustrialización y hundimiento económico: días atrás, Georgalos decidió suspender trabajadores y recortar sueldos un 20%, extendiendo el conflicto laboral incluso a delegados sindicales con décadas de antigüedad. Lo que en otros tiempos fueron empresas estables hoy se tambalea entre ajustes y reducciones de personal.

Asimismo, otras ramas del complejo productivo también están en la cuerda floja: el frigorífico creador de los clásicos Paty acumula deudas gigantes y suspendió a casi medio millar de empleados, mientras que históricas textiles de Mar del Plata tuvieron que suspender personal por el derrumbe de ventas.

La gran paradoja: productos que no se hacen más, pero siguen en las góndolas

Postres, flanes y yogures que en algún tiempo fueron bastión de la láctea nacional ahora quedan como recuerdos en las mesas de los consumidores. Marcas que supieron acompañar generaciones pagan el precio de una economía sin rumbo claro, una política industrial ausente y estructuras empresarias que terminaron devoradas por sus propias contradicciones.

La quiebra de ARSA no es solo un dato más de despidos: es la confirmación cruda del deterioro del empleo industrial argentino, una herida abierta que no parece tener un final cercano.

¿Quién va a responder por los trabajadores? ¿Por qué nadie apareció para salvar la producción? ¿Y qué le queda a la industria láctea nacional después de este golpe? Las respuestas seguirán esperándose en los tribunales —mientras las familias despedidas cuentan los días sin ingresos.