30/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
La economía argentina vuelve a poner el cartel de alerta roja: la deuda externa del sector privado se disparó hasta un nivel histórico, rozando los USD 117.000 millones al cierre del tercer trimestre de 2025, en un contexto de fuerte deterioro productivo y crisis financiera que el Gobierno intenta maquillarse como éxito.
El último informe oficial del Banco Central (BCRA) revela que las empresas argentinas llegaron a deber USD 116.847 millones, con un aumento trimestral de más de USD 7.300 millones y un salto interanual de casi USD 13.000 millones. Nunca antes en casi una década este pasivo había alcanzado semejantes niveles.
¿Qué significa esto?
Significa que en pleno derrumbe de la actividad industrial, mientras sectores enteros sufren cierres y despidos, las grandes firmas del país recurrieron masivamente al endeudamiento externo con acreedores privados y bancos. Ese monto se traduce en una pesada carga financiera que condiciona la ya frágil recuperación económica, dejando a la Argentina más vulnerable ante cualquier shock externo.
La composición del endeudamiento revela que la deuda por importaciones de bienes es la más pesada, con cerca de USD 39.000 millones, seguida por la deuda financiera — la que más duele — con casi USD 29.600 millones.
Pero lo más alarmante no es el número en sí: es el contexto en el que se dio este récord. La suba de la deuda comercial no responde a expansión productiva, sino a la lógica de sobrevivencia corporativa en un país sin dólares propios y con sectores enteros que se hunden. Según otros indicadores recientes, inversiones caen, la producción industrial se desploma y la fuga de capitales se acelera, mientras el Gobierno intenta reflotar la economía con endeudamiento externo.
Además, el perfil de los vencimientos es otra bomba de tiempo: una enorme proporción de esa deuda comercial tendrá que pagarse en el año siguiente, lo que presiona aún más a empresas que ya están al límite.
En la práctica, este récord de endeudamiento es una señal de alarma para la economía argentina: no hay dólares genuinos que respalden la actividad productiva, solo deuda que se acumula como una suerte de “parche” que pospone problemas sin resolverlos.
Y mientras el Gobierno celebra supuestos logros macroeconómicos, las cifras muestran otra realidad: el sector privado está cada vez más atado al financiamiento externo, con plazos largos y condiciones que puede comprometer la estabilidad económica de los próximos años.
Este récord, lejos de ser motivo de orgullo, debería prender las luces rojas en los despachos oficiales. Porque en Argentina la deuda no es abstracción: es pesos que se van, producción que se frena y futuro hipotecado.







