07/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Martín Menem en diputados junto a Cristian Ritondo.
El paso del tiempo se convirtió en el mejor aliado de Javier Milei para sostener, aunque sea de manera transitoria, la ampliación de las facultades del sistema de inteligencia. Mientras se acumulan impugnaciones judiciales y crecen las críticas políticas, el DNU 941/25 quedó atrapado en el receso parlamentario, un paréntesis que la Casa Rosada explota para enfriar el conflicto y evitar el debate de fondo.
La estrategia oficial es clara: estirar la discusión hasta marzo, dejar que el verano haga su trabajo y blindar el decreto por desgaste. Del otro lado, la oposición busca forzar el tratamiento en febrero, durante las sesiones extraordinarias, para impedir que el tema se diluya y avance sin control.
Con el Congreso semivacío, el Gobierno juega a la dilación. Y en ese esquema, el PRO de Cristian Ritondo aparece funcional al plan libertario: no empuja la conformación de comisiones, no exige urgencias y evita confrontar de frente. Puertas adentro, sin embargo, el malestar crece. Hay legisladores que reconocen que el DNU nunca debió existir y que una reforma de esta magnitud tendría que haber pasado por el Congreso.
Desde el interbloque Unidos anticipan que insistirán con la conformación inmediata de las comisiones de Inteligencia y de Trámite Legislativo, aunque no descartan ir directamente al recinto. Los números están: con 129 diputados se puede habilitar una sesión especial y, con mayoría simple, voltear el decreto en Diputados y enviarlo al Senado. El problema no es aritmético, es político.
El rechazo al DNU atraviesa a varios espacios, incluso dentro del PRO. La defensa pública del decreto convive con confesiones privadas que hablan de “agujeros legales”, riesgos de abusos y un uso discrecional de la contrainteligencia. La salida que algunos imaginan es un parche: protocolos posteriores que limiten lo que el decreto habilita. Una corrección tardía, empujada más por el escándalo que por convicción institucional.
Ritondo camina sobre una cornisa. Intenta sostener la unidad del PRO mientras acompaña a un Gobierno que no disimula su desprecio por los aliados. En el macrismo leen que el viento sigue soplando a favor de Milei, pero chocan con una realidad incómoda: el Presidente no los necesita, no los consulta y no les concede centralidad. El PRO acompaña, pero queda relegado a un “no lugar” político.
Mientras tanto, el DNU sigue vigente. El reloj corre, el Congreso duerme y el sistema de inteligencia acumula poder. El debate no se frena por falta de argumentos, sino por una decisión política: dejar que el tiempo haga lo que el Parlamento todavía no hizo.







