DROGAS: La muerte de Alejandro Zalazar y el escándalo de los anestésicos

1/4/2026.- Salta al Instante.- Por Gaby Pachteng.- Foto portada: Alejandro Salazar, el anestesiólogo que murió por sobredosis. Su muerte destapó un caso de robo de fármacos para fiestas. Imagen: Web.
El fallecimiento del joven anestesista abrió una investigación sobre el uso indebido de drogas hospitalarias como propofol y fentanilo y puso bajo la lupa la salida irregular de medicamentos de centros de salud.

La muerte del anestesista Alejandro Zalazar, de 29 años, abrió una investigación que excede el caso individual y apunta a un posible circuito irregular de anestésicos provenientes de hospitales. El joven médico fue hallado sin vida en su departamento del barrio porteño de Palermo y la principal hipótesis es una sobredosis de propofol y fentanilo, dos potentes fármacos de uso hospitalario que, fuera de control, pueden resultar letales.

El hallazgo ocurrió el 20 de febrero, cuando la Policía de la Ciudad se presentó en el domicilio de Zalazar, ubicado en Juncal al 4600, tras un llamado que alertaba sobre una persona descompensada. Al ingresar al departamento, los efectivos lo encontraron tendido en el suelo de la habitación, sin signos vitales. El personal del SAME constató el fallecimiento. Junto al cuerpo había una vía conectada en el pie derecho y diversos elementos descartables utilizados para inyecciones.

En el lugar también se secuestraron medicamentos anestésicos y una bomba de infusión, equipo que se utiliza para administrar drogas intravenosas. Los investigadores señalaron que el cuerpo no presentaba signos de violencia y que el departamento tampoco mostraba indicios de un hecho delictivo.

Zalazar, conocido como “Alito”, era médico anestesiólogo y trabajaba como profesional de guardia en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. También había realizado su residencia en el Hospital Rivadavia y tenía compromisos laborales con instituciones privadas, entre ellas la Fundación Favaloro. El día de su muerte debía asistir a una intervención quirúrgica, pero al no presentarse ni responder los llamados, su familia alertó a las autoridades.

La autopsia preliminar indicó como causa de muerte congestión, edema pulmonar y edema meningoencefálico. Sin embargo, la causa de base todavía no fue confirmada. Para determinarla se esperan los resultados de estudios toxicológicos, aunque los investigadores sospechan que pudo tratarse de una sobredosis vinculada al uso de propofol y fentanilo.

El caso, sin embargo, no quedó limitado a una posible muerte por consumo indebido. A partir de los medicamentos hallados en el departamento de Zalazar se inició una investigación para determinar su origen. La trazabilidad realizada permitió establecer que esos anestésicos provenían del Hospital Italiano de Buenos Aires, lo que derivó en un procedimiento interno y en una causa judicial para investigar el desvío de esas sustancias.

En ese marco, la investigación apunta a esclarecer cómo medicamentos que solo se utilizan dentro del ámbito hospitalario pudieron salir del sistema de control sanitario. El caso derivó además en allanamientos y en un expediente judicial que busca determinar responsabilidades en la desaparición de esos fármacos.

En paralelo, comenzaron a circular versiones dentro del ámbito médico sobre encuentros privados en los que se habrían utilizado anestésicos con fines recreativos. Se trata de comentarios y audios que circulan entre profesionales de la salud y que describen supuestas reuniones en las que se administraban drogas como propofol y fentanilo mediante bombas de infusión. Esas versiones, sin embargo, no forman parte de la causa judicial ni cuentan por ahora con confirmación administrativa o judicial.

Mientras avanzan las pericias toxicológicas y la investigación sobre el circuito de los medicamentos, el caso de Alejandro Zalazar dejó al descubierto un problema más amplio: el control y la circulación de anestésicos de uso hospitalario y los riesgos que implica su utilización fuera del ámbito médico.