ECONOMÍA: Argentina cosecha trigo como nunca, pero cada vez hay menos pan en la mesa de los argentinos

08/06/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
La escena parece sacada de un país al revés. Argentina acaba de registrar una de las mayores cosechas de trigo de su historia, pero millones de familias compran menos pan que años atrás. Los productores aseguran que ganan menos dinero pese a pagar menos retenciones y los consumidores enfrentan precios cada vez más difíciles de sostener.

La contradicción golpea de lleno uno de los símbolos más tradicionales de la mesa argentina: el pan.

Mientras el gobierno de Javier Milei celebró una nueva reducción de las retenciones al trigo y la cebada, desde distintos sectores del agro advierten que el alivio fiscal resulta insignificante frente a una estructura de costos que se disparó durante los últimos años. La promesa oficial era sencilla: menos impuestos significaría más rentabilidad para el productor y alimentos más baratos para la población. Sin embargo, la realidad parece seguir otro camino.

Menos retenciones, menos ganancias

El dato que genera mayor controversia es que, según diversos análisis del sector, muchos productores trigueros obtienen hoy márgenes inferiores a los que registraban durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.

La paradoja resulta explosiva políticamente.

En aquellos años las retenciones eran significativamente más altas y el trigo cotizaba a valores inferiores en dólares. Sin embargo, los productores conservaban una rentabilidad que hoy parece cada vez más difícil de alcanzar.

¿Qué cambió?

La respuesta no está únicamente en los impuestos.

Los alquileres rurales aumentaron, los fertilizantes se dolarizaron, el combustible escaló a niveles récord, las tarifas energéticas se multiplicaron y la maquinaria agrícola se volvió cada vez más inaccesible.

Para muchos productores, la reciente baja de retenciones anunciada por Milei apenas representa unos pocos dólares adicionales por tonelada, una cifra que queda rápidamente absorbida por el incremento de los costos operativos.

El pan ya no depende del trigo

Pero la situación se vuelve todavía más llamativa cuando se analiza el precio del pan.

Contrariamente a lo que suele creerse, el valor del trigo representa hoy apenas una pequeña porción del precio final que paga el consumidor.

La mayor parte del costo está vinculada al transporte, la energía, los combustibles, los alquileres comerciales, los impuestos y los costos financieros.

Por eso ocurre algo que hace algunos años parecía impensado: el trigo puede bajar y el pan seguir aumentando.

La ecuación demuestra que la renta dejó de concentrarse únicamente en la producción agrícola y comenzó a desplazarse hacia otros sectores económicos vinculados a la energía, las finanzas, la logística y las grandes cadenas de comercialización.

El salario compra cada vez menos pan

La consecuencia más visible aparece en los hogares.

Aunque Argentina produce más trigo, el consumo de pan viene retrocediendo y el poder adquisitivo de los salarios perdió capacidad para acceder a alimentos básicos.

Lo que antes era uno de los productos más accesibles de la canasta familiar ahora se transformó en una compra que muchas familias comenzaron a restringir.

La caída del consumo no responde a un cambio de hábitos alimenticios sino a una pérdida de capacidad económica.

Cada aumento en tarifas, combustibles o servicios termina impactando directa o indirectamente en el precio de los alimentos.

Los ganadores del modelo

La discusión de fondo gira alrededor de una pregunta incómoda.

Si el productor recibe menos margen y el consumidor paga más caro, ¿quién se queda con la diferencia?

Diversos actores del sector señalan a una estructura económica cada vez más concentrada, donde pocas empresas controlan buena parte de la exportación de granos, la industrialización, la logística y el comercio.

La concentración también alcanza al mercado harinero, donde un reducido grupo de molinos domina una parte significativa de la producción nacional.

En ese escenario, productores y consumidores terminan ubicados en los extremos más débiles de la cadena.

Una alarma que ya preocupa al sector

A los problemas económicos se suma una preocupación productiva.

Especialistas advierten que el aumento de costos está llevando a muchos productores a reducir inversiones en fertilización, especialmente en nitrógeno.

La consecuencia es una caída en la calidad panadera del trigo argentino.

El dato genera inquietud porque ya comenzó a discutirse la posibilidad de importar trigo de mejor calidad desde Paraguay para mezclarlo con producción local.

Para uno de los mayores productores mundiales de trigo, la sola idea resulta impactante.

La gran discusión que nadie quiere dar

Detrás de la polémica por las retenciones aparece un debate mucho más profundo que atraviesa a todos los gobiernos y modelos económicos.

No se trata únicamente de cuánto trigo produce la Argentina.

La verdadera discusión pasa por quién controla cada eslabón de la cadena alimentaria, cómo se distribuye la renta y por qué un país capaz de batir récords productivos convive con familias que cada vez consumen menos alimentos básicos.

Porque cuando el productor se queja de la falta de rentabilidad y el consumidor se queja de los precios, la pregunta surge inevitablemente.

¿Quién se está quedando con la mayor parte de la ganancia?

Y esa respuesta podría ser mucho más incómoda que la discusión sobre las retenciones.