ECONOMÍA: Tras el aplauso oficial, la construcción vuelve a hundirse y expone la cruda realidad económica

09/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: La construcción vuelve a hundirse pese al relato oficial. Imagen; Web.
El ecosistema productivo argentino estrenó 2026 con un dato que golpea con dureza: la construcción, uno de los sectores que más empleo genera, no solo frena su repunte sino que vuelve a caer, desmintiendo con números fríos la narrativa oficial de recuperación y dejando en evidencia una economía que sigue sin levantar cabeza para la mayoría de los trabajadores y empresas del rubro.

Según el Índice Construya, que mide las ventas de insumos al sector privado, la actividad registró en enero una caída del 11,5% respecto a diciembre y del 1,1% en la comparación interanual, borrando de un manotazo el breve avance de diciembre, cuando el sector había mostrado una aparente mejora al cierre de 2025.

Ese repunte de fin de año fue rápidamente reivindicado por el presidente Javier Milei y funcionarios que destacaron la supuesta recuperación del rubro, como síntoma de revitalización de la economía tras meses de caída profunda. Sin embargo, los números de enero no dejan lugar a dudas: la construcción volvió a hundirse apenas se desvanecieron los festejos oficiales.

La caída intermensual y la contracción anual —insólita siendo todavía verano, cuando los bloques productivos suelen mostrar algo de dinamismo— ilustran una realidad que viene golpeando desde años atrás: tras un desplome severo en 2024, el sector logró apenas un rebote moderado durante 2025, con un crecimiento acumulado positivo gracias a algunos meses de mejora, pero ese rebote parece haber tocado techo a fines del año pasado.

Fuentes del propio grupo Construya interpretaron la baja de enero como un ajuste natural posterior al cierre anual, pero la lectura va mucho más allá de un argumento estacional: la caída refleja una actividad que sigue débil, con inversión privada retraída, costos disparados y una demanda que no logra consolidarse, en un contexto donde la inflación erosionó el poder de compra de la población y la incertidumbre económica condiciona decisiones clave de inversión y obra.

Este retroceso en la construcción también se enmarca en una tendencia más amplia de debilidad económica: otros indicadores, como el estimador del Indec, revelan que la actividad global sigue mostrando contracciones en sectores estratégicos, incluidos la industria y el comercio, mientras que el campo, la minería y la intermediación financiera son algunas de las pocas ramas que sostienen la economía.

La construcción, además, funciona como un termómetro social: su debilitamiento impacta directamente en el empleo formal y en la cadena de pagos de miles de pequeñas y medianas empresas, desde albañiles hasta proveedores de hormigón, hierro y materiales básicos, sectores ya golpeados por la volatilidad de precios y la falta de certezas sobre políticas públicas de largo plazo. Históricamente, cuando la obra privada y pública se retraen, el salario y la demanda interna sufren en cadena.

Tras los aplausos oficiales por una supuesta recuperación que duró apenas un mes, la caída de enero deja un saldo de incertidumbre, frustración y dudas sobre el rumbo económico real del país: mientras los números oficiales y los discursos celebran “recuperaciones” puntuales, la vida productiva de millones de trabajadores y contratistas sigue marcada por la precariedad, la falta de impulso sostenido y la sombra de una recesión que no termina de despejarse.