ECONOMISTAS LIBERALES: La “calma financiera” no alcanza para levantar la economía real

17/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Economistas que alguna vez respaldaron a Milei admiten que la “calma financiera” no alcanza para levantar la economía real. Imagen: LPO/Juanca Casas.
La semana pasada, en un giro inédito de sus propias filas, economistas que hasta hace poco integraban el círculo de analistas afines al plan económico del presidente Javier Milei cuestionaron públicamente el rumbo oficial: lograda una estabilidad cambiaria y financiera difícil de imaginar hace dos años, la economía real sigue estancada y amenaza con hundirse en lo que muchos definen como “estaflación”. La estabilidad financiera, repiten, ya no alcanza para generar crecimiento, empleo o mejora en los ingresos de las mayorías.

El diagnóstico crítico surgió con fuerza desde voces calificadas como Carlos Melconian, uno de los economistas liberales más escuchados del ambiente local, quien señaló que la recuperación de reservas, el tipo de cambio ordenado y la presencia de dólares en el sistema financiero —con niveles de reservas que superan los 45.000 millones de dólares y depósitos privados que rozaron máximos históricos— no se traduce en dinamismo productivo ni en mejor calidad de vida para la mayoría. En términos duros, para Melconian la estabilidad de las cifras macroeconómicas funciona apenas como una vidriera ordenada que no oculta el desorden estructural de la economía cotidiana argentina.

Esa crítica se expresó con crudeza en la definición de “estaflación”: una mezcla perversa de inflación persistente, recesión, caída de puestos de trabajo y falta de impulso al mercado interno. Los datos oficiales y privados no desmienten ese diagnóstico: el sector privado formal destruyó 13.100 puestos de trabajo registrados, la administración pública otros 13.000 y en empleos domésticos se perdieron otros 2.700 durante noviembre, según los informes más recientes.

La tensión entre estabilidad financiera y economía real no es exclusiva del debate local. Analistas internacionales que siguen de cerca la evolución argentina coinciden en que contar con reservas sólidas y reglas financieras previsibles no garantiza por sí mismo crecimiento económico o recuperación del consumo interno cuando persisten desequilibrios estructurales en la producción y el empleo. En informes publicados en 2025, referentes de firmas como Janus Henderson, VT Markets y LBX destacaron que el principal reto para Argentina sigue siendo “trasladar la estabilidad financiera a la economía real”, con un mercado interno fortaleciendo demanda y producción, un desafío que hasta ahora no parece resuelto.

Esa misma tensión quedó expuesta en otras advertencias de economistas que suelen cruzar posiciones con el gobierno. Juan Carlos de Pablo, consultor muy cercano al poder y habitual interlocutor de círculos oficiales, puso en duda la eficacia de las tasas elevadas y las estrategias de anclaje cambiario sin una recuperación simultánea de la actividad. De Pablo sostiene que hablar de “estabilidad” sin crecimiento real es como tratar de sostener la economía en dos compartimentos aislados, uno financiero y otro productivo —una visión que ha comenzado a ganar eco incluso entre sectores que, hasta hace poco, eran defensores del plan oficial.

El debate se produce en un contexto donde formas tradicionales de medir la inflación y otros indicadores están en la mira pública y técnica. La controversia reciente por la utilización de índices desactualizados que subrepresentan los costos reales de consumo generó malestar internacional y una discusión interna sobre la transparencia estadística del INDEC. Ese episodio, además de mostrar tensiones en la medición oficial de precios, contribuyó a reforzar la percepción de que las mejoras macroeconómicas no se sienten en los bolsillos de los hogares argentinos.

En el terreno político, la crítica de los economistas se traduce en un desafío directo al discurso oficialista que ha dominado la agenda económica desde la asunción de Milei: expulsar a la “hiperinflación” del pasado y construir un sendero de orden fiscal y monetario sin precedentes. Si bien el gobierno destaca el fortalecimiento de reservas, el alivio de la presión cambiaria y la baja de la inflación interanual respecto a los niveles extremos heredados en 2023, la falta de dinamismo en la actividad económica real plantea preguntas cruciales para la próxima etapa de la gestión.

El núcleo del debate hoy no es solo técnico, sino también político: ¿puede sostenerse un modelo donde la estabilidad financiera es real —o relativamente real— pero el crecimiento, el empleo y los ingresos de la población siguen sin despegar? La pregunta, formulada por economistas que alguna vez respaldaron al oficialismo, resuena con fuerza en ámbitos académicos, financieros y de opinión pública.