20/04/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Pacientes oncológicos. Imagen: Web.
La escena se repite con una crudeza que ya no admite eufemismos: pacientes oncológicos en Salta ven interrumpidos sus tratamientos porque los medicamentos dejaron de llegar. No es una demora administrativa ni un faltante aislado. Es el efecto directo de los recortes del Gobierno nacional sobre la provisión de drogas de alto costo, esas que no se consiguen en farmacias comunes y que, en muchos casos, son la única barrera entre la enfermedad y el desenlace más temido.
El resultado es brutal. Personas con cáncer quedan libradas a su suerte en medio de un sistema que se desarma por arriba y no logra recomponerse por abajo. La Nación dejó de enviar medicamentos y la provincia, hasta ahora, no consigue cubrir ese vacío. En el medio, los tratamientos se frenan, las enfermedades avanzan y la incertidumbre se vuelve cotidiana.
“Son medicamentos carísimos, de alto costo, se hacía cargo la Nación pero es la que no está mandando nada de nada”, relató una mujer de Joaquín V. González, en el departamento Anta. Su diagnóstico es leucemia crónica. Su realidad, hoy, es otra: no tiene acceso a la medicación que necesita para sostener su tratamiento.
El fármaco que le recetaron, Bosutinib 400 mg, ronda los 15 millones de pesos. Una cifra que queda completamente fuera de alcance para alguien que depende de una pensión por invalidez que ni siquiera cubre la canasta básica. La ecuación es simple y devastadora: sin medicación, la enfermedad avanza. “La doctora me dijo que mi enfermedad está avanzando porque no tengo la medicación”, contó.
Hasta hace poco, el tratamiento estaba garantizado. La provisión nacional cubría ciclos de tres meses: tres cajas de 28 comprimidos que permitían sostener la terapia. Ese circuito se cortó. Y el impacto no tardó en sentirse.
En un intento desesperado por no quedar completamente desprotegida, la mujer recurre a una alternativa precaria: medicación vencida. “Estoy tomando una medicación que está vencida, la doctora me ha dicho que siga tomando esa medicación antes de que me quede sin nada. Por lo menos esa me está sosteniendo un poquito”, explicó. La frase condensa el nivel de deterioro: sostener la vida con lo que ya no debería usarse.
La advertencia médica es clara. “Si yo llego a cortar del todo los medicamentos, la enfermedad se me hace crónica aguda y ya no tengo vuelta”, dijo. No es una hipótesis, es un pronóstico.
En el sistema público provincial, la respuesta es insuficiente. Según su testimonio, en el Hospital San Bernardo se entregan medicamentos, pero no los de alto costo que requieren los tratamientos oncológicos más complejos. La brecha entre lo que se necesita y lo que se ofrece deja a muchos pacientes en una zona crítica.
El problema, además, no es individual. “No es solamente aquí, es en todos lados lo mismo”, aseguró. Las respuestas que recibe son siempre similares: no hay envíos, todo está suspendido, nadie está recibiendo medicación. La cadena se cortó en un punto clave y no hay reemplazo.
En la ciudad de Salta, otra mujer con cáncer confirmó un escenario similar. Tampoco recibe su medicación y, además, enfrenta demoras en los controles médicos. La combinación de tratamientos interrumpidos y seguimiento irregular configura un cuadro de alta vulnerabilidad sanitaria.
El trasfondo es conocido pero no por eso menos alarmante: los tratamientos oncológicos y hematológicos implican costos millonarios. Sin cobertura estatal, resultan inaccesibles. “Todo lo que es hematología y oncología es carísimo, es muy costosa la medicación que nos dan a nosotros para poder vivir y si no tenemos eso nos empezamos a morir”, resumió la mujer de Anta.
En este contexto, el gobernador Gustavo Sáenz expresó públicamente su preocupación por la situación sanitaria y social. Señaló la falta de atención a jubilados, los problemas en instituciones que trabajan con personas con discapacidad y la ausencia de respuestas en temas sensibles.
“¿A quién no le preocupa que un jubilado no tenga donde atenderse, no tenga los medicamentos, que coma salteado?”, planteó. También cuestionó la situación de las instituciones que asisten a personas con discapacidad, muchas de las cuales no cobran desde octubre del año pasado.
Sáenz vinculó estos problemas con la falta de articulación política y la ausencia de algunos sectores en los espacios de diálogo. Apuntó contra legisladores que no participaron de convocatorias para abordar estas problemáticas y cuestionó la falta de sensibilidad frente a situaciones que afectan directamente a la población.
En materia de salud, fue directo: “No podemos tener peregrinando a nuestros jubilados de un lado para el otro para que los atiendan, para que les den los medicamentos, los medicamentos oncológicos”. Y remarcó que el acceso a la salud “es fundamental y no tiene color político”.
El gobernador también encuadró la crisis en un escenario económico más amplio, marcado por la caída del consumo, la falta de inversiones y el deterioro de la actividad. “Las realidades de las provincias no son las mismas que las de Capital Federal. Un puesto que se pierde no se recupera. Una empresa que se cierra no se abre más”, advirtió.
Pero mientras los diagnósticos se acumulan y las declaraciones circulan, el tiempo corre en contra de quienes dependen de un tratamiento para seguir viviendo. En oncología, cada día cuenta. Cada interrupción tiene consecuencias.
La frase que da título a esta historia no es una consigna ni un eslogan. Es una descripción precisa de lo que está en juego: la salud no espera. Y en Salta, hoy, hay pacientes que ya no pueden esperar más.






