09/03/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
El impacto de la inflación y la pérdida de poder adquisitivo ya no se mide sólo en índices económicos: se siente en la mesa de todos los días. Un relevamiento reciente muestra que cada vez más familias están recortando gastos en alimentos y cambiando productos por marcas más baratas para poder sostener el consumo básico.
El panorama aparece en un momento en que el dato oficial de inflación todavía no se conoce, pero las proyecciones privadas anticipan una aceleración de los precios. En ese contexto, el golpe al bolsillo empuja a los hogares a revisar cada compra y reorganizar prioridades para intentar llegar a mitad de mes.
Los números del relevamiento reflejan el deterioro del poder de compra. Cuatro de cada diez personas consideran que su situación económica empeoró en el último año, mientras que el 60 por ciento de los hogares asegura que no le alcanza o apenas llega a fin de mes. Ese escenario obliga a ajustar gastos incluso en productos esenciales de la canasta básica.
La consecuencia más visible es el cambio en los hábitos de consumo. Seis de cada diez consumidores ya reemplazaron productos por opciones más económicas, una estrategia que se vuelve cada vez más común frente a la suba sostenida de los precios.
El deterioro del ingreso también empuja a las familias a buscar otras salidas para sostener el gasto cotidiano. Más de la mitad reconoció que tuvo que recurrir a sus ahorros, pedir créditos formales, solicitar préstamos a familiares o sumar un trabajo extra para equilibrar las cuentas del hogar.
Mientras tanto, otros consumos directamente desaparecen del radar. El relevamiento muestra que el 60 por ciento de las personas no pudo comprarse ropa ni calzado, y el 80 por ciento no adquirió ningún electrodoméstico en el último tiempo. En ese contexto, el precio se convirtió en el principal criterio al momento de elegir qué comprar.
Esa lógica queda clara en los supermercados: el 65 por ciento de los consumidores prioriza el precio, las promociones o las cuotas antes que cualquier otra variable. El changuito se llena con calculadora en mano y la búsqueda de ofertas pasó a ser parte central de la rutina.
Las proyecciones de inflación refuerzan esa preocupación. El Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central ajustó al alza su estimación para febrero hasta 2,7 por ciento, mientras que consultoras privadas prevén una cifra cercana al 3 por ciento, con el rubro Alimentos como uno de los principales motores del aumento de precios.
En ese escenario, carnes, frutas, lácteos y aceites aparecen entre los productos que más presionan el costo de la canasta. Y el resultado se ve en la vida cotidiana: el ajuste ya no se discute en los despachos oficiales ni en los informes técnicos, sino que se vive directamente en la mesa familiar.







