20/08/2026.- Salta al Instante.– Foto portada: Ilustrativa. Web.
Un informe del Instituto de Estudios y Formación de la CTA reveló un fuerte deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores rurales. Un peón ganadero puede comprar menos de la mitad de la carne que en 2015, mientras que los trabajadores tamberos y avícolas también perdieron capacidad de compra.
Los trabajadores rurales producen los alimentos que llegan a las mesas argentinas, pero cada vez tienen menos posibilidades de comprarlos. Un informe del Instituto de Estudios y Formación de la CTA (IEF-CTA) mostró una fuerte pérdida del poder adquisitivo en distintas ramas del sector agropecuario durante la última década.
El dato más contundente aparece en la carne vacuna: un peón ganadero puede comprar actualmente menos de la mitad de la cantidad de carne que podía adquirir con su salario en 2015.
La situación también alcanza a otras actividades. Un trabajador tambero puede comprar un tercio menos de leche, mientras que un empleado de la industria avícola perdió alrededor del 30% de su capacidad de compra de pollo y un 37% en el caso de los huevos.
El deterioro también se observa entre los trabajadores dedicados a la cosecha de frutas. Según el relevamiento, los salarios perdieron en promedio la mitad de su poder de compra de manzanas, naranjas y limones respecto de hace una década.
Menos alimentos para quienes los producen
El informe elaborado por Juan Manuel Villulla y Emanuel Fernández plantea una paradoja: mientras buena parte de la producción agropecuaria mantiene o incrementa sus niveles, los trabajadores que participan de esas cadenas tienen cada vez menos acceso a los alimentos que producen.
En el caso de la carne, el consumo por habitante cayó de 60,4 kilos anuales en 2015 a menos de 50 kilos, mientras que las exportaciones aumentaron de unas 130.000 toneladas a más de 700.000 durante el período analizado.
La combinación de salarios deteriorados y menor consumo interno genera un escenario en el que una mayor proporción de la producción puede orientarse hacia los mercados externos.
La pérdida también se siente en la leche
La cadena láctea muestra una tendencia similar. El poder adquisitivo del salario de los trabajadores del sector cayó alrededor de un tercio en relación con la leche respecto de 2015.
La pérdida es todavía mayor en algunos productos derivados. El informe calcula una caída del poder de compra del 45% para la manteca, 35% para el queso cremoso y 27% para el dulce de leche.
El caso más extremo corresponde al yogur firme, donde la capacidad de compra del salario se redujo aproximadamente 76%.
Mientras tanto, el consumo de leche por habitante disminuyó cerca de 30%, aunque la producción total creció casi un 10%. Las exportaciones también registraron un aumento cercano al 28%.
Pollo, huevos, frutas y verduras
La pérdida de poder adquisitivo se extiende a otras cadenas alimentarias.
Un trabajador avícola puede comprar hoy 30% menos pollo y 37% menos huevos que en 2015.
Entre los trabajadores de la cosecha, la capacidad de compra de frutas también se redujo fuertemente. En promedio, los salarios permiten adquirir alrededor de la mitad de las manzanas, naranjas y limones que hace diez años.
En el caso del limón, además, la producción aumentó un 31% durante el período analizado, mientras los precios al consumidor avanzaron y los salarios quedaron rezagados.
Las hortalizas presentan un escenario parecido. El poder de compra de los trabajadores agrícolas cayó 50% para la lechuga, 35% para la papa y 16% para la cebolla.
El tomate constituye una excepción: durante el otoño-invierno de 2026, la capacidad de compra del salario sobre ese producto aumentó cerca de un 40%.
Un campo que produce más, pero con trabajadores que compran menos
El informe sostiene que el deterioro de los ingresos de los trabajadores rurales forma parte de una transformación más amplia de la distribución de la riqueza generada por el sector.
Más del 60% de la población económicamente activa del agro trabaja en relación de dependencia y genera aproximadamente el 80% del valor agregado del sector, según los datos citados en el documento.
Sin embargo, el menor poder adquisitivo limita su participación en el consumo de los propios alimentos que producen.
La explicación planteada por el IEF-CTA es que una parte de los excedentes que antes absorbía el mercado interno puede ahora dirigirse hacia la exportación, en un contexto de menor consumo doméstico.
Así, los trabajadores rurales enfrentan una doble presión: salarios que perdieron poder adquisitivo y alimentos que se volvieron más difíciles de comprar.
La paradoja queda expuesta en un dato sencillo: quienes trabajan para producir carne, leche, pollo, huevos, frutas y verduras tienen cada vez menos capacidad para llevar esos mismos alimentos a sus hogares.






