28/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: El Chaqueño Palavecino junto a Milei en Jesús María. Imagen: Captura de video.
La grieta cultural explotó con toda su furia. Lo que debía ser un número más en el 60° Festival Nacional de la Doma y el Folklore de Jesús María terminó en una cortina de escándalo y una expulsión digna de novela política. El Chaqueño Palavecino —referente histórico del folclore argentino— fue echado de la Asociación Federal de Raíces Criollas tras subir al escenario junto al presidente Javier Milei, en un gesto que la entidad calificó de incompatible con su supuesta esencia cultural.
En un comunicado que sacudió al ambiente artístico, la asociación —con más de 50 años de historia según su propia descripción— sostuvo que la presencia de Palavecino junto a Milei en un acto político popular no representa “los valores históricos, culturales y sociales” que dice defender. “Nuestros valores históricos están del lado del pueblo, no del poder”, sentenciaron, marcando así una línea divisoria tajante entre folklore “puro” y folclore con sello político.
La noticia no solo encendió el debate sobre la relación entre arte y política, sino que dejó al descubierto una disputa simbólica mayor: ¿puede un ícono cultural compartir un escenario con el mandatario de turno sin pagar un precio político? La Asociación decidió que no, y expulsó a uno de los nombres más emblemáticos del cancionero criollo por haber legitimado con su imagen a un gobierno que muchos sectores de la cultura y el campo popular ven como agresor de derechos y de las tradiciones sociales que, paradójicamente, dicen celebrar.
La respuesta de Palavecino fue tan tajante como desconcertante para muchos: el artista dijo desconocer por completo la existencia o relevancia de la Asociación que lo anuló y se defendió afirmando que simplemente invitó al presidente al escenario porque “es un presidente” y porque canta, sin intención política. “Estamos todos locos”, afirmó al ser consultado, y subrayó que su único juez es el público que lo sigue desde hace décadas, no una agrupación que ahora lo rechaza por una foto compartida con el poder.
La decisión, lejos de cerrar el tema, abrió una caja de resonancia sobre el papel de los artistas frente a la política y la cultura nacional en tiempos de polarización extrema. Para muchos críticos, la expulsión revela más la fractura interna de los sectores populares que una defensa legítima de la tradición folklórica: una disputa donde lo cultural se disfraza de moral para justificar una purga simbólica ante un gesto que, para algunos, describe un alineamiento polémico con los círculos de poder actuales.







