13/03/2026.- Salta al Instante.- Gaby Pachteng.-Foto portada: El “deslomado” se hunde y el Gobierno corre a tapar el agujero. Imagen: IA.
El vocero presidencial Manuel Adorni, el funcionario que suele jactarse de haberse “deslomado” trabajando para el gobierno de Javier Milei, quedó atrapado en un escándalo que ya dejó de ser una incomodidad mediática para convertirse en un problema político y judicial. Denuncias ampliadas, una investigación preliminar por posible corrupción y un amigo que intentó defenderlo y terminó incriminándolo completan un cuadro que el oficialismo intenta tapar con un operativo de rescate a cielo abierto.
Adorni «deslomado» en Nueva York (Meme) Imagen: Instagram.
La historia empezó a tomar temperatura cuando Marcelo Grandio, periodista de la TV Pública y amigo personal de Adorni, salió a explicar el viaje del funcionario a Punta del Este junto a su esposa Bettina Angeletti. Lo que parecía una defensa terminó siendo una bomba. Grandio dijo, sin rodeos, que “Manu pagó con plata del Estado” el traslado en el que viajaron todos los pasajeros. Después intentó corregirse, pero el daño ya estaba hecho: la frase quedó flotando como una confesión involuntaria en medio del escándalo.
El episodio disparó una reacción institucional inmediata. La Procuraduría de Investigaciones Administrativas abrió una investigación preliminar para determinar si hubo utilización indebida de recursos públicos. En otras palabras, si el paseo que el funcionario quiso presentar como algo personal fue, en realidad, financiado con fondos del Estado.
Pero mientras la lupa judicial empezaba a enfocarse sobre el caso, en la Casa Rosada se puso en marcha otra maquinaria: la del blindaje político. El Gobierno salió en bloque a defender a Adorni. Funcionarios, ministros y dirigentes libertarios inundaron las redes sociales con mensajes de apoyo, como si la estrategia fuera ahogar el escándalo bajo una catarata de tuits.
El respaldo incluyó gestos públicos del propio Javier Milei y del círculo más cercano del poder, con Karina Milei entre las figuras que cerraron filas alrededor del vocero presidencial. La consigna parecía clara: sostenerlo cueste lo que cueste, incluso cuando las explicaciones empiezan a hacer agua.
El problema es que el intento de salvataje llegó cuando el daño político ya estaba hecho. La foto del viaje, las contradicciones en las explicaciones y la frase imprudente del amigo que quiso ayudar terminaron armando una escena incómoda: un funcionario bajo sospecha y un gobierno entero movilizado para justificarlo.
Así, el autodenominado “deslomado” pasó de ser la voz que cada día baja línea desde el atril oficial a convertirse en el protagonista de un escándalo que crece con cada explicación. Y mientras las denuncias avanzan y la Justicia empieza a mirar el caso, el Gobierno eligió una estrategia conocida: defender lo indefendible, aunque el costo político siga subiendo.










