15/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: La titular del FMI, Kristalina Georgieva. Imagen: AP.
El Gobierno de Javier Milei cambió de marcha su política monetaria y, siguiendo al pie de la letra las exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI), modificó el esquema cambiario —pasó de un tipo de cambio casi fijo a un régimen de flotación entre bandas y su ajuste por inflación— buscando crédito, legitimación y dólares frescos. El resultado: los precios de la economía real volvieron a acelerar su marcha cuesta arriba apenas se movió el dólar oficial en este nuevo esquema.
La administración había apostado públicamente a que flexibilizar el cepo y adoptar bandas cambiarias ayudaría a “domar” la inflación. En los hechos, los aumentos de tarifas, alimentos y otros costos clave no sólo no frenaron, sino que reaccionaron al alza al nuevo rumbo cambiario que pidió el FMI y que ahora rige en la economía.
La jugada del Gobierno consistió en ligar el dólar oficial al comportamiento de precios, con la ilusión de atraer reservas y aval internacional. Pero mientras los dólares prometidos por Washington y el Fondo siguen entrando, los bolsillos de millones de argentinos sienten de nuevo el picotazo de los precios disparándose apenas cambia el marco de la política monetaria.
En criollo: la supuesta calma cambiaria se traduce en más presión sobre la inflación doméstica, justo cuando la administración festeja cifras anuales más bajas que las del año pasado, pero ya con un nuevo ritmo de aumentos mensuales que pone en duda que la “nueva normalidad” sea realmente tranquilizadora para la gente de a pie.
¿El resultado político y social? Más incertidumbre económica y una sensación generalizada de que los golpes vienen por todos lados: más precios, más ajustes y menos aire para los ingresos populares, pese a que oficialmente se asegura que el cambio de esquema era el camino a la estabilidad.






