EL GOBIERNO CADA VEZ MÁS FRÁGIL: Sin dólares, sin pesos y con el mercado mirando la puerta de salida

06/03/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Luis Toto Caputo, ministro de Economía. Imagen: Web. 
El Gobierno mantiene un saldo mínimo en las cuentas en pesos y en dólares, mientras las compras de divisas del Banco Central acumuladas en lo que va del año quedan por debajo de las registradas en los mismos períodos de los dos años anteriores. Ese volumen, que no alcanza, tampoco logra recomponer las reservas internacionales ni blindar al país frente a la crisis económica y financiera que empieza a insinuarse como consecuencia de la guerra que Estados Unidos e Israel iniciaron en Medio Oriente.

La administración de Javier Milei recién comenzó este año con una política de acumulación de reservas. Pero el volumen que logró hasta ahora está lejos de las expectativas que tenía el mercado, que observa con creciente desconfianza la debilidad del Banco Central para defender el valor del peso si se desata una salida caótica de capitales.

En paralelo, el Tesoro tampoco exhibe músculo financiero. No tiene dólares suficientes para garantizar el pago de los servicios de la deuda en divisas, una fragilidad que empuja al Riesgo País a los niveles más altos del año. Pero la alarma no termina ahí: tampoco hay pesos para responder a las renovaciones de deuda ni para aflojar el torniquete monetario que aprieta cada vez más la economía y profundiza la recesión.

En ese contexto, el ministro de Economía Luis Caputo dejó entrever esta semana la urgencia del Gobierno por capturar los dólares que circulan en las actividades económicas no declaradas. No importa si están fuera del alcance de ARCA o directamente al margen de la ley: esos billetes son los que el equipo económico necesita mostrar para enfrentar los vencimientos de mitad de año, que superan los 4.000 millones de dólares, sin tener que recurrir a las reservas del Banco Central.

El deterioro de los ingresos fiscales sumó otro dato inquietante. La recaudación impositiva cayó 9,7 por ciento en febrero, después del retroceso de 7,9 por ciento en enero, y acumuló así siete meses consecutivos en baja. El mercado empieza a preguntarse si el Gobierno podrá cumplir con el compromiso de alcanzar un superávit fiscal de 2,2 puntos del PBI.

Mientras tanto, el gasto público empezó a acelerarse desde febrero por el impacto de la alta inflación de diciembre. Cerca del 45 por ciento de las erogaciones se actualiza automáticamente —principalmente jubilaciones, pensiones y otros gastos sociales—, lo que recorta el margen del Gobierno para seguir ajustando y compensar la caída de la recaudación.

A ese cuadro se suma el frente internacional. La guerra iniciada por Estados Unidos e Israel en Medio Oriente ya empezó a contagiar a los mercados financieros, que perciben que el conflicto podría extenderse más de lo previsto, afectar procesos productivos y encarecer la energía en distintas economías del mundo.

La consultora 1816, una de las más escuchadas en el mercado, lo sintetizó con una frase que circuló en los despachos financieros: hasta hace poco había consenso en que 2026 sería el año en que el Gobierno recuperaría acceso al crédito internacional. El principal riesgo era el contexto global, pero enero había arrancado con viento a favor y fuerte flujo hacia los mercados emergentes. Esta semana, sin embargo, apareció el temido “viento de frente”.

Los bonos del Tesoro de Estados Unidos cayeron durante cuatro días consecutivos, golpeados por el aumento del precio del petróleo derivado de la guerra en Medio Oriente y por el temor a una aceleración inflacionaria.

En ese marco, el mercado espera ver qué ocurre con el programa de compra de reservas durante marzo. En 2024 el Banco Central había adquirido 2.882 millones de dólares, mientras que el año pasado terminó vendiendo 1.360 millones, una dinámica que aceleró el acuerdo con el FMI firmado en abril y que incluyó una devaluación del peso junto con cambios en el régimen monetario y cambiario.

En lo que va de marzo, el Banco Central compró 251 millones de dólares, pero en ruedas por debajo del promedio de semanas anteriores y con un stock de deuda en dólares dentro del sistema financiero que también se ubica por debajo del año pasado, un dato que podría frenarse rápidamente si crece el temor a una devaluación.

El mercado bursátil tampoco muestra demasiado movimiento. Este mes apenas hubo una colocación de deuda corporativa: una Obligación Negociable de Telecom por 81 millones de dólares, un volumen demasiado bajo para sostener la oferta de divisas en el mercado de cambios y evitar nuevas presiones sobre el precio del dólar.

Mientras tanto, el Gobierno mantiene apenas 485 millones de dólares y 4,3 billones de pesos en las cuentas del Tesoro en el Banco Central, un nivel que se mantiene sin cambios desde hace un mes. Tampoco reacciona la cuenta en divisas que engloba al conjunto del sector público —incluyendo recursos de provincias, municipios y organismos estatales— que había alcanzado 3.600 millones el 20 de febrero y desde entonces perdió 400 millones.

Ese nivel tan bajo de disponibilidad de pesos y dólares impide inyectar fondos en la economía para aflojar el torniquete monetario y mejorar la actividad. Pero el Gobierno, por ahora, prefiere sostener la recesión antes que arriesgar una suba de la inflación.

El “viento de frente” del que habla la consultora 1816 combina la crisis global con la escasa capacidad del Gobierno para enfrentarla. Y en ese escenario, la apuesta de Javier Milei y Luis Caputo se concentra en capturar los dólares que circulan en la economía no declarada. Una jugada arriesgada en medio de una depresión económica que erosiona los recursos fiscales mientras el gasto se acelera por la inflación.