28/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Aliados. Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo, Javier Milei, Gustavo Sáenz y Hugo Passalacqua. Imagen: Archivo.
En un giro político brutal, el Gobierno de Javier Milei logró capitalizar las elecciones legislativas para imponer una agenda de reformas que deja al país en un estado de confusión y polarización extrema. Con aliados inesperados y la colaboración de lo que la política denomina “panqueques”, la Casa Rosada avanzó sin contemplaciones sobre tres ejes claves: la reforma laboral, la baja de la edad de imputabilidad penal y la flexibilización legal sobre la protección de los glaciares argentinos.
La foto que resume esta ofensiva lleva en sus bordes a Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo, Javier Milei, Gustavo Sáenz y Hugo Passalacqua, todos juntos como aliados en la construcción de una nueva correlación de fuerzas en el Congreso.
Desde el Senado, el oficialismo no sólo consiguió la sanción de la reforma laboral, que reduce derechos de los trabajadores y flexibiliza condiciones laborales ampliamente, sino que además logró aprobar una ley que baja la edad de imputabilidad de 16 a 14 años, una medida que desató críticas incluso desde sectores tradicionales del peronismo. Las protestas contra estas iniciativas se multiplican en las calles, con sindicatos, organizaciones sociales y movimientos de derechos humanos advirtiendo que se trata de un paquetazo que precariza aún más la vida de millones de argentinos.
Para lograr estas victorias jurídicas, el Gobierno debió tejer alianzas políticas sin pudor. Gobernadores que hasta hace poco se mostraban distantes, como Sáenz (Salta) y Jalil (Catamarca), terminaron siendo piezas clave para garantizar los votos necesarios. Según fuentes parlamentarias, la negociación incluyó concesiones y acuerdos sectoriales que ahora embarran la cancha política.
La oposición no tardó en responder con dureza. Líderes sindicales y figuras del peronismo calificaron la reforma laboral como una ofensiva regresiva que “abre la puerta del infierno” para los derechos conquistados por décadas. Movimientos sindicales convocaron a movilizaciones y anunciaron recursos judiciales para frenar lo que consideran un avasallamiento de conquistas sociales.
Mientras tanto, las encuestas económicas reflejan una caída persistente del consumo, del empleo formal y de la confianza en la gestión, lo que contrasta con la narrativa oficial de “modernización” y “oportunidades para todos”. Las urnas que deberían haber sido una reafirmación política de Milei ahora aparecen como la palanca para imponer medidas que muchos sectores perciben como regresivas.
Frente a este escenario, se intensifica la grieta social: mientras los fanáticos del Gobierno cantan victoria y celebran la “liberación de trabas”, amplios sectores organizados de la sociedad se movilizan en rechazo, denunciando que Argentina camina hacia una recomposición de poder que privilegia a las élites económicas y deja de lado a trabajadores, jóvenes y la protección ambiental.







