26/05/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Gente en situación de calle en Argentina. La imagen que se repite a lo largo y ancho del país. Imagen: Web.
La frase fue breve, pero dejó al descubierto mucho más de lo que el Gobierno quería admitir. “Gracias por aguantar”, lanzó Karina Milei frente a un grupo de simpatizantes a la salida del Tedeum del 25 de Mayo. En apenas tres palabras, la hermana del Presidente reconoció algo que la Casa Rosada intenta negar desde hace meses: la crisis social se profundiza, la pobreza vuelve a crecer y el ajuste empieza a perforar incluso el relato oficial.

Mientras Javier Milei insiste en hablar de recuperación económica, rebote financiero y éxito del plan motosierra, la realidad cotidiana muestra otra cosa. Salarios que pierden contra la inflación, empleo formal estancado, consumo desplomado y sectores populares cada vez más asfixiados por el costo de vida. La sensación social ya no coincide con los números que celebra el oficialismo.
El problema para el Gobierno es que incluso los propios datos oficiales comienzan a hacer agua. Los últimos microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC dejaron expuesta una situación mucho más grave que la mostrada en los anuncios públicos. Aunque oficialmente se informó una pobreza del 28% para el segundo semestre de 2025, el análisis detallado del último trimestre mostró que el índice ya había vuelto a subir hasta el 30%.
Pero el dato más explosivo apareció después. Distintos estudios privados empezaron a detectar inconsistencias y distorsiones en la medición de ingresos declarados en las encuestas oficiales. Consultoras económicas advirtieron que los números reportados por trabajadores informales y empleados públicos no coinciden con otras bases administrativas del propio Estado, generando sospechas sobre una subestimación artificial de la pobreza.
Según esos análisis, si se corrigen las diferencias estadísticas tomando referencias históricas más consistentes, la pobreza real del último trimestre de 2025 no habría sido del 30%, sino cercana al 35%. Es decir, millones de personas más atravesando situaciones de vulnerabilidad mientras el Gobierno intenta sostener el discurso del éxito económico.
La situación golpea especialmente a los sectores más castigados por el ajuste libertario: trabajadores informales, jubilados, empleados públicos y familias del conurbano bonaerense, donde la caída del consumo y el deterioro salarial ya son inocultables. La inflación en alimentos y servicios básicos sigue avanzando más rápido que los ingresos y cada vez más hogares quedan atrapados en una lógica de supervivencia.
En paralelo, empiezan a reaparecer escenas que remiten a las peores crisis argentinas. En distintas provincias resurgen ferias de trueque, aumenta el endeudamiento familiar y crece la demanda de asistencia alimentaria. La promesa libertaria de que “la casta pagaría el ajuste” choca de frente con una realidad donde el peso de la crisis recae, otra vez, sobre trabajadores y sectores populares.
Por eso la frase de Karina Milei resonó tanto. Porque rompió por un instante el blindaje discursivo del oficialismo y dejó entrever que dentro del propio Gobierno ya saben que el malestar social crece. La calle lo siente, las encuestas lo muestran y los números empiezan a confirmarlo: la pobreza avanza más rápido que el relato libertario.







