EL PAN YA NO TIENE PRECIO FIJO: “Cada uno cobra lo que quiere”

6/4/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
Comprar pan en Salta dejó de ser una rutina previsible. En los últimos días, los precios comenzaron a cambiar de una panadería a otra y, en algunos casos, incluso dentro de la misma semana. El resultado es un escenario caótico donde el valor del kilo puede variar drásticamente según el barrio, el comercio o la estructura de costos de cada negocio.

Hoy el kilo de pan puede encontrarse desde $2.500 hasta más de $4.000, una brecha que refleja la falta de un precio de referencia en el sector. La dispersión de valores se convirtió en una constante y dejó al consumidor frente a un mercado donde comparar precios se volvió casi obligatorio.

El presidente de la Federación Argentina de la Industria del Pan y Afines, Daniel Romano, explicó que la situación es compleja y que difícilmente exista un acuerdo general entre los panaderos. “No nos vamos a poner de acuerdo porque hay 30 mil panaderías en el país”, afirmó, dejando en claro que cada comercio maneja sus precios según su propia realidad económica.

Detrás de esta escalada aparece una cadena de aumentos que golpea de lleno a la producción panadera. Uno de los casos más notorios es el del azúcar, un insumo clave para facturas y productos dulces, que en pocas semanas pasó de costar alrededor de $35.000 a entre $46.000 y $50.000 por bolsa.

A esto se suman fuertes incrementos en grasas y margarinas, que ya acumulan subas cercanas al 30%. Según explicó Romano, una caja que antes costaba $50.000 ahora se paga entre $65.000 y $70.000, lo que impacta directamente en el precio final de los productos.

Los aumentos no terminan ahí. También se encarecieron los envases y plásticos, con incrementos de hasta 55% en la materia prima, lo que agrega un nuevo peso en la estructura de costos de las panaderías.

Otro factor clave es el aumento del combustible, que impacta en el transporte de insumos y en la distribución de los productos. Cada suba en la cadena logística termina trasladándose al precio que pagan los consumidores en el mostrador.

En este escenario, el mercado quedó prácticamente liberado. Cada panadería fija sus propios valores y la competencia se define en el mostrador. “Cada uno puede colocar el precio que quiera y el consumidor es el que decide”, resumió Romano.

La consecuencia es una dispersión inédita de precios. El mismo producto puede costar muy distinto según la zona de la ciudad o el tipo de comercio. Así, el pan —uno de los alimentos más tradicionales de la mesa argentina— atraviesa un momento marcado por la incertidumbre, con aumentos constantes y sin reglas claras que ordenen el mercado.