EL PJ SALTEÑO, INTERVENIDO Y EN GUERRA

27/02/2026.- Salta al Instante.- Por Gaby Pachteng.- Foto portada: Pablo Kosiner, nuevo interventor del PJ Salta. Imágenes: Redes Sociales.
El peronismo salteño no atraviesa una simple discusión interna, vive una guerra abierta. La intervención del Partido Justicialista de Salta ya es un hecho político consumado y tiene nombre propio: Pablo Kosiner. El exdiputado nacional fue ungido como interventor con el aval directo de Cristina Fernández de Kirchner y con el objetivo declarado de “ordenar” una estructura partidaria que hace tiempo dejó de responder en bloque.

La intervención no cayó del cielo. Es la consecuencia de meses de fractura interna, votos incómodos en el Congreso y alineamientos que en Buenos Aires leyeron como traiciones. El detonante fue el comportamiento de legisladores salteños en debates clave, donde algunos sectores del PJ provincial acompañaron iniciativas del Gobierno nacional libertario, lo que encendió alarmas en la conducción partidaria nacional. Desde entonces, la tensión escaló sin pausa.

La salida de Sergio Berni como interventor previo y su reemplazo por Kosiner no fue un simple recambio administrativo. Fue un mensaje político. Berni representaba una línea más confrontativa y externa; Kosiner, en cambio, es un hombre del riñón del peronismo salteño tradicional, con lazos históricos con Juan Manuel Urtubey y diálogo abierto con distintos sectores. La jugada fue interpretada como un intento de ordenar desde adentro, pero también como una señal de que el kirchnerismo busca retomar control territorial fino.

Del otro lado del ring está el espacio vinculado al gobernador Gustavo Sáenz, que no se quedó callado. Pasacalles en la capital salteña, reclamos públicos de internas inmediatas y una narrativa de “defensa de la autonomía provincial” marcaron la respuesta. El saencismo acusa a la conducción nacional de intervenir sin comprender la dinámica local y de castigar a dirigentes que, según sostienen, actuaron en función de la gobernabilidad provincial.

En el centro del tembladeral aparecen nombres propios que hoy están bajo la lupa partidaria: Yolanda Vega y Pablo Outes enfrentan pedidos de expulsión promovidos por sectores duros que consideran inaceptable cualquier acercamiento al oficialismo libertario. Para el kirchnerismo, el límite es político e ideológico; para el saencismo, la lectura es pragmática y provincialista. La grieta no es retórica: es estratégica.

La crisis no comenzó ahora. Desde principios de año, el PJ salteño arrastra disputas por la conducción, cuestionamientos a la falta de orgánica partidaria y reproches cruzados por candidaturas y alianzas. La elección provincial pasada dejó heridas abiertas y un peronismo dividido entre quienes pretendían confrontar frontalmente con el oficialismo nacional y quienes apostaban a un juego más ambiguo para sostener poder territorial.

Kosiner, en este escenario, no es una figura neutral. Fue diputado nacional durante años, hombre clave en el armado legislativo del urtubeicismo y operador fino en momentos de tensión entre la Casa Rosada y Salta. Su perfil combina conocimiento del territorio con pragmatismo político. Sus críticos le reprochan elasticidad ideológica; sus defensores destacan capacidad de negociación. Hoy tiene la misión imposible de recomponer un partido «partido en dos».

Cristina Fernández de Kirchner, por su parte, vuelve a ejercer el control directo del aparato partidario. La decisión de intervenir y respaldar a Kosiner refuerza su rol como conductora nacional del PJ y deja en claro que no tolerará desalineamientos en un contexto nacional adverso. El mensaje hacia las provincias es inequívoco: disciplina o intervención.

El trasfondo es más profundo que una pelea de nombres. Se debate qué peronismo quiere ser Salta en la era Milei: uno orgánico, alineado con la conducción nacional y confrontativo con el Gobierno libertario; o uno provincial, con autonomía estratégica y acuerdos tácticos para sostener gestión y recursos.

La intervención no clausura la crisis: la expone. Las amenazas de expulsiones, los reclamos de internas y la puja por el control del sello anticipan semanas de alta tensión. El PJ salteño no discute solo cargos; discute identidad, liderazgo y supervivencia.

La pregunta ya no es si habrá reordenamiento. La pregunta es quién quedará en pie cuando termine la batalla.