07/10/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Milei y Caputo. Imagen: Web.
El Gobierno utilizó bonos de deuda para cancelar contratos atrasados de obra pública y evitar que $221 mil millones impacten en el resultado fiscal. La maniobra vuelve a poner bajo la lupa la forma en que Economía construye el relato del superávit.
El Gobierno de Javier Milei y Luis Caputo decidió cancelar $221 mil millones en pagos atrasados de obras públicas suspendidas mediante bonos de deuda en pesos, una operación que evita que ese gasto impacte directamente en la medición del resultado fiscal.
La maniobra genera nuevas dudas sobre el verdadero estado de las cuentas públicas y sobre el cumplimiento de las metas fiscales acordadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El mecanismo consiste en registrar la operación “debajo de la línea”, de modo que las obligaciones con empresas contratistas no aparezcan como un gasto que reduzca el resultado primario.
Los bonos entregados vencen en distintas fechas: 33% con el S30O6 el 30 de octubre, otro 33% con el T15E7 el 15 de enero de 2027 y el 34% restante con el T39A7 el 30 de abril de 2027.
La diferencia con otras operaciones es que no se trata simplemente de postergar el pago de una deuda. El cuestionamiento central es que el gasto directamente no queda reflejado en el resultado fiscal de la misma manera que si se hubiera pagado con recursos presupuestarios.
Una contabilidad que vuelve a quedar bajo la lupa
La operación fue cuestionada por economistas que advierten que el mecanismo puede mejorar artificialmente la fotografía de las cuentas públicas.
El economista Nicolás Gadano sostuvo que el Estado estaría cancelando obligaciones con instrumentos de deuda sin registrar previamente esos gastos “arriba de la línea”, es decir, sin que impacten en el gasto y en el resultado fiscal.
Además, los títulos utilizados capitalizan intereses y no pagan cupones durante su vigencia. Por eso, el impacto financiero de la operación tampoco aparecería de la forma habitual en las cuentas fiscales.
Christian Buteler resumió el cuestionamiento con una frase contundente: “Jugamos al solitario y nos hacemos trampa”.
La discusión no es menor. El resultado financiero informado por el Gobierno fue de $2,3 billones, mientras que el giro de recursos a la Ciudad de Buenos Aires y el pago de estas obras representan, en conjunto, prácticamente la mitad de ese resultado.
La deuda con CABA también genera interrogantes
El mecanismo utilizado para las obras públicas no sería un caso aislado.
Desde principios de año, Economía también viene siendo cuestionada por la forma en que contabiliza el cumplimiento del fallo de la Corte Suprema de Justicia que obliga al Estado nacional a transferir a la Ciudad de Buenos Aires el 1,5% de la coparticipación.
El monto acumulado por esas transferencias ronda los $900 mil millones. Sin embargo, según el planteo realizado, solo un mes habría sido registrado como gasto, mientras que los pagos posteriores no aparecen de la misma manera en la contabilidad nacional, pese a que la Ciudad asegura recibirlos mensualmente.
El Gobierno también mira los dólares
En paralelo, el equipo económico intenta llevar tranquilidad a los mercados frente a las dudas sobre el programa financiero y cambiario.
El ministro Luis Caputo aseguró que dispone de US$75.000 millones para defender el valor del peso durante el próximo año ante una eventual corrida cambiaria.
La cifra, sin embargo, generó cuestionamientos entre inversores porque incluye recursos cuya disponibilidad efectiva no sería equivalente a reservas de libre utilización. Entre ellos aparece el swap con China, que requiere condiciones específicas para ser utilizado, y el acuerdo con el Tesoro de Estados Unidos, cuyo alcance todavía no fue explicitado en detalle.
La utilización de esos recursos también plantea otro problema: destinarlos a defender el peso podría reducir la capacidad futura para afrontar los vencimientos de deuda.
El dólar que antes era “desestabilizador” ahora es “estabilizador”
Otro de los cambios en el discurso económico aparece alrededor de la compra de dólares por parte de los ahorristas.
Mientras Milei había presentado anteriormente la dolarización de los ahorros como una amenaza para la estabilidad del Gobierno, el vicepresidente del Banco Central, Vladimir Werning, sostuvo ahora que esa conducta “no es desestabilizadora, sino estabilizadora”.
Según Werning, el 75% de los dólares oficiales adquiridos por los ahorristas permanece en el mercado local, frente al 50% registrado un año atrás durante las elecciones legislativas.
La explicación oficial es que esos dólares alimentan el mercado de capitales, el financiamiento bancario y la inversión doméstica.
El mercado da un respiro, pero las dudas siguen
Las dudas sobre el programa económico habían llevado al Riesgo País por encima de los 650 puntos durante la semana pasada.
En las primeras ruedas de esta semana, el indicador retrocedió de 651 a 573 puntos, impulsado en parte por las oportunidades que encontraron los inversores en los mercados emergentes después de la primera vuelta electoral en Brasil.
Sin embargo, Argentina continúa con un Riesgo País muy superior al de otros países de la región.
El repunte de los bonos, por ahora, funciona como un alivio financiero, pero no elimina las dudas sobre la consistencia del programa económico, la política cambiaria ni la capacidad del Gobierno para cumplir sus compromisos financieros.
El costo oculto del “superávit”
La operación con los bonos también habría generado un beneficio adicional para las empresas que aceptaron esos títulos.
El Gobierno tomó los bonos a su “Precio Técnico” del día previo a la entrega, un valor que, comparado con el precio de mercado, habría generado una ganancia adicional de hasta 2,7% en uno de los títulos más utilizados.
La discusión, entonces, excede la forma de cancelar una deuda. El punto central es qué gastos quedan realmente incluidos cuando el Gobierno presenta sus resultados fiscales y cuáles quedan fuera de la fotografía.
De cara al debate del Presupuesto 2027, Gadano planteó que el Congreso debería exigir una medición complementaria al resultado basado en caja.
El objetivo sería reflejar de manera más completa el verdadero costo de la deuda, incluyendo mecanismos como la capitalización de intereses y los instrumentos cupón cero que actualmente pueden quedar fuera del resultado financiero.
El interrogante queda abierto: si se incorporaran todas esas obligaciones a las cuentas fiscales, ¿el superávit que exhibe el Gobierno seguiría siendo el mismo?







