13/04/2026.- Salta al Instante.- Foto portada:
La resolución lleva la firma del juez Alberto Spagnuolo, quien activó el embargo tras el incumplimiento en el pago de impuestos inmobiliarios y tasas provinciales. El oficio ya ingresó a la Cámara alta y obliga a ejecutar la medida sin rodeos. No hay margen para discursos: hay números, hay deuda y hay una orden judicial.
Abdala cobra cerca de 11 millones de pesos mensuales. De ese monto saldrá ahora la porción destinada a saldar la cuenta pendiente. Un ajuste compulsivo que deja al descubierto una contradicción incómoda: el mismo dirigente que levanta la bandera del orden fiscal, atrapado por sus propios incumplimientos.
Lejos de asumir la situación, el senador eligió el camino de la confrontación. Apuntó contra el gobernador Claudio Poggi y denunció una supuesta persecución política. Según su versión, el embargo no responde a una deuda sino a una maniobra de hostigamiento vinculada a sus aspiraciones electorales de cara a 2027.
El argumento no convenció del otro lado. Desde la Dirección de Ingresos Públicos, la funcionaria Teresa Capiello salió al cruce sin rodeos: el problema no es político, es tributario. Y dejó una frase que perfora el relato libertario: quienes menos tienen suelen cumplir, mientras que los sectores con mayor capacidad económica son los que más esquivan sus obligaciones.
La polémica crece al ritmo de los números. En su última declaración jurada, Abdala informó bienes por 197 millones de pesos. Una cifra que vuelve aún más difícil de sostener la narrativa de persecución y pone en primer plano la pregunta incómoda: si puede pagar, ¿por qué no pagó?
El conflicto escala además dentro del propio Senado. Será la vicepresidenta y titular de la Cámara, Victoria Villarruel, quien deberá ejecutar la orden judicial. Así, el escándalo salta del plano provincial al corazón del poder nacional, dejando a la institución atrapada entre la obligación legal y el costo político.
Mientras tanto, Abdala redobla la apuesta en redes sociales y se victimiza. Dice que no lo van a callar. Pero el problema no pasa por el silencio: pasa por una deuda millonaria que ahora se cobra, peso a peso, directo de su sueldo.







