ENTRE GALLOS Y MEDIA NOCHE: Mónica Almada, la reciclada del corralito aterrizó en la AGN

22/12/2025.- Salta al Instante.- Foto portada: Jura de Mónica Almada, nueva auditora de la AGN.
La política argentina no decepciona: cuando el país duerme, el poder reparte cargos. Así, en una madrugada espesa y cargada de rosca, la Cámara de Diputados designó a los nuevos auditores de la Auditoría General de la Nación. La jugada, orquestada por Martín Menem con el aval silencioso de la Casa Rosada, no solo reordenó el tablero del control estatal: resucitó a Mónica Almada, una figura del pasado que supo esquivar el corralito mientras millones quedaban atrapados en la ruina.

Mónica Almada: Quién es la nueva auditora de la AGN que hace dos décadas pudo esquivar el corralito

Mónica Almada, nueva auditora de la AGN.

Almada, hoy flamante auditora de la AGN por La Libertad Avanza, carga con un prontuario político tan extenso como camaleónico: UCR, Alianza, PRO y ahora libertarios. Siempre cerca del poder, siempre a salvo. Devota de Fernando de la Rúa, íntima de Ricardo López Murphy, exdirectora del Banco Ciudad y protagonista de uno de los episodios más obscenos del 2001.

El corralito para los otros

El 28 de noviembre de 2001, cuando el país ya olía a estallido, Almada constituyó un plazo fijo por 315 mil dólares en el Banco Ciudad. Dos días después, lo retiró completo, violando las normas vigentes y apelando a un “permiso especial” por una supuesta operación inmobiliaria. Todo, 48 horas antes de que Cavallo cerrara la canilla para millones de argentinos.

Privilegios de casta. Información privilegiada. Impune ayer, premiada hoy.

La maniobra salió a la luz recién después de la caída de De la Rúa. Hubo auditoría, escándalo mediático y, finalmente, sobreseimiento en 2004. El sistema se ocupó de borrar las huellas. La historia siguió su curso. Almada también.

La rosca que explica el ascenso

Su llegada a la AGN no es casual ni técnica. Es pura negociación política. El oficialismo necesitaba votos para el Presupuesto 2026 y ofreció una de las joyas más codiciadas del Estado: una silla en el organismo que debe controlar al propio poder. Gustavo Sáenz, el peronismo y los libertarios cerraron el acuerdo. El PRO quedó afuera. Ritondo estalló. Menem sonrió.

Almada fue impulsada por Eduardo “Lule” Menem, bendecida por Karina Milei y aceptada a regañadientes por un gobierno que, puertas adentro, desconfía de su lealtad. No es para menos: sobrevivió a todos los espacios, siempre bien posicionada.

Hasta hace semanas, ocupaba un cargo clave en el Ministerio de Economía como mano derecha de Juan Pazo, hombre del riñón de Luis Caputo. Pazo se fue sin explicaciones. Ella subió un escalón más.

De la Alianza al libertarismo, sin escalas

Desde 1984, Almada orbitó el poder sin interrupciones: comisiones estratégicas del Congreso, Banco Ciudad, Nación Seguros, Ministerio de Educación porteño, jefatura de asesores del bloque PRO durante una década. Quienes la conocen la definen sin rodeos: “una carnívora”, obsesiva, dura, implacable.

Hoy, esa misma figura aterriza en la AGN, el organismo que debería auditar al Estado que la nombró. Controlar desde adentro. O ajustar cuentas, llegado el caso.

El sistema se recicla

En política, la memoria es un estorbo. El pasado se lava, se archiva y se recicla. La mujer que pidió desaparecer cuando estalló el escándalo del corralito volvió, dos décadas después, por la puerta grande.

Mónica Almada ya no necesita esconderse. El sistema la abrazó de nuevo.
Y otra vez, la impunidad pasó la auditoría sin observaciones.