ENTREGADO A LOS EEUU: Milei se arrodilla ante Washington

06/01/2026.- Salta al Instante.- Por Jesús Castillo.- Foto portada: Milei, el súbdito preferido de Trump. 

Ajuste en la sintonía fina… hacia abajo

La Casa Rosada volvió a cruzar un límite histórico en política exterior: el gobierno de Javier Milei celebró sin matices la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, una operación que incluyó bombardeos sobre Caracas y terminó con la captura del presidente Nicolás Maduro. No hubo llamados a la prudencia, ni referencias al derecho internacional, ni una sola mención a la soberanía de un país latinoamericano. Hubo festejo. Y alineamiento total.

El propio Milei fue más lejos que muchos de sus pares regionales: justificó la ofensiva como la caída de un “dictador terrorista y narcotraficante”, calcando palabra por palabra el libreto de Donald Trump y confirmando que la política exterior argentina ya no se diseña en Buenos Aires, sino en Washington.

Mientras varios gobiernos del mundo optaron por el silencio incómodo o por llamados diplomáticos a organismos multilaterales, la administración libertaria eligió el aplauso. Un respaldo explícito al uso de la fuerza, al secuestro de un jefe de Estado y a una intervención armada que distintos analistas internacionales ya califican como una violación abierta al derecho internacional y a la Carta de la ONU.

Silencio selectivo y obediencia estratégica

El alineamiento, sin embargo, no es completo cuando incomoda. Milei y su entorno evitaron cuidadosamente pronunciarse sobre las declaraciones de Trump contra Corina Machado, a quien el líder republicano despreció públicamente al afirmar que “no tiene la capacidad para gobernar Venezuela”. Ahí, la verborragia libertaria se apagó.

Desde el oficialismo ensayaron una pirueta discursiva: mostrar respaldo a la oposición venezolana sin contradecir al jefe del imperio. Patricia Bullrich, reconvertida en vocera callejera del alineamiento exterior, llegó a calificar a Machado como una “líder mundial de la paz” durante un acto en Buenos Aires que celebró la detención de Maduro, en un intento burdo de equilibrar una posición imposible.

El mensaje es claro: se puede matizar, pero nunca confrontar a Washington. Se puede sobreactuar indignación selectiva, pero jamás cuestionar la orden que baja del norte.

Venezuela ocupada, Argentina callada

Lo más grave llegó después. Tras el anuncio de Trump de que Venezuela quedaría bajo control directo de Estados Unidos, el Gobierno argentino eligió el silencio absoluto. Ninguna reflexión sobre el futuro del país caribeño. Ninguna mención a una posible ocupación prolongada. Ninguna preocupación por el precedente que se sienta para la región.

El mismo gobierno que se llena la boca hablando de “libertad” y “república” avala sin pudor una intervención militar extranjera y evita cualquier referencia a la autodeterminación de los pueblos. La doble vara es obscena.

Retórica libertaria, y práctica colonial

La postura de Milei no es ingenua ni improvisada: consolida una política exterior de subordinación explícita, donde Argentina renuncia a cualquier rol autónomo en América Latina y acepta sin chistar el lugar de satélite obediente. Se condenan dictaduras con discursos encendidos, pero se apoyan métodos de fuerza que históricamente devastaron países enteros.

Analistas internacionales ya advierten que este alineamiento extremo deja a la Argentina aislada de sus vecinos, debilitada en foros multilaterales y atada a los vaivenes de la política interna estadounidense. Hoy es Venezuela; mañana, cualquiera.

Mientras tanto, la Casa Rosada celebra. Aplaude bombas ajenas, calla abusos convenientes y confirma que, bajo el gobierno libertario, la soberanía también entró en el ajuste.