19/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Congreso argentino. Imagen: Web.
Mientras el Congreso nacional está oficialmente de receso, el Gobierno de Javier Milei desató un terremoto político al poner sobre la mesa dos de los temas más explosivos del año: un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que reconfigura la inteligencia estatal con poderes ampliados a la SIDE, y una reforma laboral que promete sacudir el mundo del trabajo argentino.
El DNU para la ley de inteligencia —que otorga facultades inusitadas a la Secretaría de Inteligencia del Estado y minimiza los controles parlamentarios— llegó al Congreso cuando nadie lo esperaba y encendió las alarmas por su potencial para vigilancia masiva y vigilancia sin contrapesos democráticos. Críticas de constitucionalistas y organizaciones de derechos humanos advierten que la movida del Ejecutivo es poco menos que un asalto institucional a libertades básicas.
En paralelo, desde el oficialismo no aflojan con la reforma laboral, una pieza central de la agenda de Milei que busca cambios profundos en las leyes que rigen el trabajo. A pesar de que el Parlamento todavía no volvió de sus vacaciones, el proyecto —impulsado con fervor por sectores del oficialismo— ya calienta motores detrás de escena para su tratamiento en las sesiones extraordinarias de febrero.
La jugada expone al oficialismo a una pulseada intensa con la oposición, que busca frenar o voltear el DNU de inteligencia, y también enfrenta resistencias en torno a los puntos más polémicos de la reforma laboral, que promete rediseñar derechos históricos bajo el mantra de “modernización” económica.
El resultado es un Congreso latente, caliente y en ebullición, donde mientras algunos siguen de “vacaciones”, otros ya juegan fuerte para definir los pilares institucionales y laborales del país —todo antes de que el Parlamento vuelva a abrir sus puertas en febrero.







