15/05/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Jorge Bacigalupo, el ex policía acusado de adulterar pruebas hundió a Stornelli y desató un terremoto político-judicial. Imagen: NA.
El juicio de los Cuadernos acaba de entrar en una zona de máxima tensión. En una declaración maratónica de más de ocho horas, el ex sargento de la Policía Federal Jorge Bacigalupo rompió el silencio y lanzó una catarata de revelaciones explosivas que hicieron temblar los cimientos de una de las causas judiciales más escandalosas y polémicas de la Argentina.

Acusado de adulterar los famosos cuadernos atribuidos al ex chofer Oscar Centeno, Bacigalupo no sólo negó haber manipulado las pruebas: además comprometió gravemente al fiscal Carlos Stornelli, dejó bajo sospecha el armado original de la causa y expuso movimientos oscuros que podrían dinamitar la versión oficial sostenida durante años.
La escena fue de película política. Frente al Tribunal Oral Federal Nº7, Bacigalupo relató detalles que dejaron mudos incluso a abogados curtidos en las guerras de Comodoro Py. El dato más explosivo llegó cuando contó que Stornelli fue personalmente a su casa junto al periodista Diego Cabot horas antes de que estallara el escándalo mediático de los Cuadernos.
Según declaró, el fiscal le pidió que fuera a declarar porque “si no, la causa se caía”. Y eso no fue todo: aseguró que el propio Stornelli lo trasladó en un auto oficial, con chofer, directamente al despacho del fallecido juez Claudio Bonadio para tomarle testimonio de urgencia.
La revelación cayó como una bomba nuclear judicial.
Porque el cuadro que describió Bacigalupo es demoledor: un fiscal visitando en persona a un testigo clave antes del estallido mediático, coordinando una testimonial y trasladándolo a tribunales en plena operación política y judicial. Para varias defensas, el relato abre una sospecha feroz sobre cómo se construyó la causa más emblemática contra el kirchnerismo.
“Si usted no declaraba, esto no podía seguir”, aseguró Bacigalupo que le dijo Bonadio tras prestar testimonio. Incluso recordó otra frase impactante del magistrado: “Esta es la frutilla que le faltaba a la torta de mi vida”.
Las palabras dejaron helada a la sala.
El ex policía también reveló conexiones desconocidas con el Ministerio de Planificación Federal durante los gobiernos kirchneristas. Admitió que trabajó junto a Centeno como chofer tercerizado para esa cartera y contó que fue el propio ex militar quien lo acercó al sistema de remises que operaba para el ministerio conducido por Julio De Vido.
Pero el dato más inquietante apareció cuando habló de su regreso a la Policía Federal durante el kirchnerismo. Bacigalupo confirmó que fue reincorporado como “personal convocado” y terminó trabajando en la Dirección de Pericias, una dependencia clave dentro de la fuerza.
Allí aparece otro nombre explosivo: Daniel Portaluri. Según surge de la causa paralela que investiga la adulteración de los cuadernos, Bacigalupo mantenía contacto directo con Portaluri, un hombre con peso dentro del área pericial de la Federal y señalado por distintas defensas como una pieza sensible dentro del entramado judicial.
Aunque el ex policía intentó minimizar esa relación, los registros telefónicos incorporados al expediente muestran otra historia.
La sospecha que sobrevuela Comodoro Py es devastadora: que los cuadernos pudieron haber sido modificados antes de convertirse en la piedra angular de la causa que terminó encarcelando a empresarios y ex funcionarios.
De hecho, Bacigalupo ya fue procesado dos veces por “encubrimiento agravado” y “falsificación de documento público” por presuntas adulteraciones en nombres, direcciones y anotaciones de los cuadernos originales. Sin embargo, ambas veces fue beneficiado por la Cámara Federal porteña, que revocó esos procesamientos y evitó que quedara formalmente complicado antes del juicio oral.
La coincidencia temporal encendió todavía más las alarmas: la última revocatoria ocurrió apenas semanas antes de esta declaración explosiva.
Como si el escándalo necesitara más combustible, Bacigalupo también reveló que su hijo trabajó para Pampa Energía, la compañía controlada por el poderoso empresario Marcelo Mindlin. El dato activó sospechas entre abogados defensores porque, en la causa paralela, apareció mencionado un empresario llamado “Marcelo” cuyo apellido habría sido protegido o modificado en los cuadernos adulterados.
La audiencia se volvió un campo minado.
Los abogados comenzaron a cruzar hipótesis sobre posibles maniobras de encubrimiento, manipulación de pruebas y armado político-mediático. En los pasillos judiciales ya hablan de una declaración que podría cambiar para siempre la lectura histórica del caso Cuadernos.
La tensión fue tan extrema que el tribunal decidió suspender la audiencia después de ocho horas y continuarla el próximo martes. Todos esperan nuevas revelaciones.
En Comodoro Py ya nadie descarta nada.
Porque si las afirmaciones de Bacigalupo se profundizan y aparecen pruebas que respalden sus dichos, podría abrirse una crisis judicial de proporciones gigantescas que salpique a fiscales, jueces, periodistas y sectores del poder político y empresario.
Lo que alguna vez fue presentado como la causa de corrupción más grande de la historia argentina ahora amenaza con convertirse en el escándalo judicial más explosivo de las últimas décadas.







