¿HASTA CUÁNDO? Milei, el experimento del ajuste

09/02/2026.- Salta al Instante.- Por Cabecita Negra.- Foto portada: No A Milei. Imagen: Web.
El gobierno de Javier Milei se vende como una cruzada moral contra “la casta”, pero en la práctica se parece cada vez más a eso que dice combatir: un poder concentrado, opaco, personalista y rodeado de escándalos. A poco más de un año de gestión, el relato libertario choca de frente con una realidad que duele: ajuste brutal para las mayorías, privilegios para unos pocos y un entramado de decisiones políticas que acumulan denuncias, conflictos de intereses y sospechas que el Presidente prefiere ignorar o minimizar.

Milei llegó prometiendo dinamitar el sistema. Lo que está haciendo, en cambio, es dinamitar derechos, ingresos y controles, mientras gobierna por decreto, insulta a opositores, descalifica al periodismo y se refugia en una épica de guerra permanente contra enemigos imaginarios. En ese clima, cualquier señal de transparencia se vuelve secundaria frente a la urgencia de sostener el poder.

Las denuncias y controversias que rodean al Presidente no son inventos de la “casta”. Están documentadas en presentaciones judiciales, investigaciones periodísticas y expedientes en trámite. Desde su rol como diputado y luego como Presidente, Milei fue señalado por presuntas irregularidades vinculadas al financiamiento de su actividad política, cobros por asesoramientos de dudosa compatibilidad con la función pública y vínculos con empresarios beneficiados por decisiones del propio Estado que hoy conduce. Nada de esto fue aclarado de manera convincente.

A eso se suma el caso de su entorno más íntimo. Karina Milei, hermana del Presidente y secretaria general de la Presidencia, concentra un poder político inédito sin haber pasado jamás por una elección. Es la guardiana del acceso al Presidente, la que arma listas, define candidaturas y ordena la tropa. Su figura aparece reiteradamente mencionada en denuncias por presunto tráfico de influencias, pedidos de “peajes” políticos y manejo discrecional del poder partidario. Otra vez: denuncias que están en la Justicia y en los medios, pero que el gobierno responde con silencio, victimización o ataques.

Mientras tanto, el país real se hunde. La inflación licuó salarios y jubilaciones, la pobreza crece, el consumo se desploma y el Estado se retira de áreas básicas como salud, educación, ciencia y obra pública. El ajuste no lo paga la casta: lo pagan los laburantes, los jubilados, las provincias y los sectores más vulnerables. Y todo eso ocurre en nombre de un dogma económico que ya fracasó otras veces, aunque ahora venga envuelto en memes y gritos televisivos.

La pregunta que empieza a escucharse en la calle no es técnica ni ideológica. Es profundamente política y humana: ¿hasta cuándo hay que aguantar? ¿Hasta cuándo un gobierno que desprecia la democracia, que gobierna a fuerza de decretos, que insulta, que concentra poder en una mesa chica familiar y que acumula denuncias sin dar explicaciones?

Milei prometió terminar con los privilegios y la corrupción. Hoy conduce un gobierno cada vez más cerrado, cada vez más autorreferencial, cada vez más alejado de la realidad social. Cuando el ajuste es eterno, la transparencia es selectiva y el poder se administra entre pocos, el problema ya no es la “casta”. El problema es el gobierno.

Y la paciencia social, como los salarios, no es infinita.