20/12/2025.- Salta al Instante.- Foto portada: Hay otras reformas laborales posibles, el mundo avanza con más derechos y menos horas laborales.
Mientras el gobierno de Javier Milei impulsa una reforma laboral regresiva en nombre de la “modernización”, en buena parte del mundo se discute y se aprueba exactamente lo contrario: cambios que amplían derechos, reducen la jornada laboral y mejoran la calidad de vida de los trabajadores sin afectar la productividad.
El caso más reciente es México, que desde 2019 llevó adelante una de las reformas laborales más profundas de la región. El proceso comenzó con el fortalecimiento de la democracia sindical y los convenios colectivos, y continuó con aumentos sostenidos del salario mínimo, siempre por encima de la inflación. Entre 2018 y 2024, el ingreso laboral per cápita creció un 30% y más de 11 millones de personas salieron de la pobreza.
Con la llegada de Claudia Sheinbaum, la agenda se amplió: se aprobaron el derecho a la desconexión digital, más licencias, nuevos feriados, mejor pago de horas extras y una reducción gradual de la jornada laboral, que pasará de 48 a 40 horas semanales hacia 2030. Estudios oficiales y evidencia internacional desmintieron los argumentos empresariales clásicos: no cayó la productividad, no subió la inflación y no quebraron las pymes.
Europa también avanzó en esa dirección. España, tras la reforma laboral de 2022, reforzó la negociación colectiva y redujo la precarización. Aunque la derecha bloqueó la semana de 37,5 horas, el debate sigue abierto. Australia aprobó el derecho a desconectarse del trabajo fuera del horario laboral. Islandia, Alemania, Bélgica y Francia demostraron que trabajar menos horas mejora la salud mental, aumenta la eficiencia y mantiene —o incluso eleva— la productividad.
En América Latina, Chile y Colombia ya están reduciendo sus jornadas laborales de forma progresiva. Chile llegará a las 40 horas semanales en 2028 y Colombia a 42 horas en 2026.
Las experiencias internacionales muestran que no hay una única forma de “modernizar” el trabajo. Mientras Argentina discute una reforma que recorta derechos, el mundo ensaya otro camino: menos horas, más derechos y mejores condiciones de vida para quienes trabajan.







