10/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
En medio de una tormenta política y técnica que sacude al Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), el organismo oficial difundió este martes 10 de febrero el Índice de Precios al Consumidor (IPC) correspondiente a enero de 2026 en un contexto marcado por una fuerte controversia metodológica, la renuncia de su titular y el aplazamiento del uso de una nueva fórmula de medición.
La publicación del dato se da apenas días después de la renuncia de Marco Lavagna como presidente del INDEC, cargo que ocupaba desde hace varios años y desde donde impulsaba una actualización de la forma de medir la inflación que, según críticos y economistas, reflejaría con mayor precisión la realidad económica de los hogares. La renuncia de Lavagna se produjo tras un entredicho con el gobierno de Javier Milei y el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, por el momento en que debía implementarse esa nueva metodología, que finalmente fue postergada sin fecha cierta.
El dato oficial que se conoció ayer —calculado con la metodología tradicional que utiliza una canasta de bienes y servicios que data de principios de la década de 2000— mostró una inflación mensual de enero que, según estimaciones privadas, se ubicó entre el 2,4% y 2,6% respecto al mes anterior. Esto representa una aparente desaceleración en comparación con el 2,8% de diciembre de 2025, aunque todavía por encima de la barrera del 2% mensual que el Gobierno no logra quebrar desde mediados del año pasado.
La decisión de mantener la medición antigua —y de postergar indefinidamente la nueva fórmula— no pasó desapercibida. Críticos señalan que esa modificación hubiese incrementado el peso de servicios públicos y otros rubros sensibles en la canasta, y que con la metodología que se iba a aplicar, el resultado inflacionario para enero podría haber sido más alto que el informado oficialmente.
La salida de Lavagna encendió alarmas tanto dentro del organismo como en el ámbito económico y político. Desde algunas consultoras privadas y sectores opositores se sostuvo que el funcionario tomó distancia en medio de presiones para evitar revelar cifras más elevadas, un argumento que todos los analistas atribuyen a la tensión entre la necesidad de ajustar estadísticas a la realidad y los límites impuestos por el Gobierno en el marco de su estrategia de desinflación.
La controversia no se quedó solo en la coyuntura nacional. El impacto de la renuncia y el debate sobre la credibilidad del INDEC traspasó las fronteras y generó inquietud en los mercados financieros: la disputa sobre los datos oficiales llegó a influir sobre el riesgo país y los indicadores bursátiles domésticos luego de la dimisión del titular del ente estadístico, según reportó la agencia internacional Reuters.
El Gobierno justificó la suspensión de la nueva medición argumentando que el proceso de desinflación aún no está consolidado y que aplicar la actualización en este momento podría perder coherencia con esa estrategia. Caputo defendió la decisión ante medios de que “no hay necesidad de cambiar nada ahora” y que la introducción de una nueva metodología debe esperar un escenario más estable.
Pero la polémica continuará, porque para muchos economistas y dirigentes políticos la decisión de sostener un cálculo anclado en una canasta obsoleta no solo subestima el alza de precios reales, sino que pone nuevamente en cuestión la independencia técnica del principal organismo encargado de medir la realidad económica del país.
Con la inflación aún alta para los estándares internacionales y un gobierno que vende como logro el control de precios, la publicación de este IPC de enero —rodeada de disputas, renuncias y cambios de fondo— se transformó en un capítulo más de la crisis de confianza estadística que Argentina arrastra desde años atrás.







