13/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
La inflación volvió a prenderse fuego en febrero y dejó al descubierto una economía que no da respiro a los sectores populares. Según los datos oficiales difundidos por el Indec, el índice de precios al consumidor escaló por encima de las previsiones más pesimistas, con disparadas que vuelven a golpear con particular crudeza a la canasta de alimentos, los servicios públicos y los gastos vinculados al turismo. El efecto sobre los bolsillos es devastador y expone una Argentina en la que, mes a mes, los salarios no alcanzan ni para cubrir lo esencial.
El informe del Indec indica que en febrero los precios subieron más de lo esperado, y entre los sectores que más contribuyeron a este nuevo salto están las carnes −que ya vienen encendidas desde enero−, las tarifas de servicios básicos y el rubro turismo, que se disparó junto con un dólar turístico que sigue siendo inaccesible para gran parte de la población. Estos rubros empujaron al alza un índice que no solo erosiona el poder adquisitivo, sino que también deja en evidencia un modelo económico que sigue transfiriendo ingresos del trabajo al capital.
La suba de las carnes no es un hecho aislado ni un fenómeno estacional. En enero ya habían registrado incrementos de doble dígito, que hicieron que una familia tipo debiera destinar más de la mitad de sus ingresos solo para poder alimentarse con productos básicos como asado, pollo o carne picada. En febrero esa tendencia se consolidó y se profundizó, con cortes populares que aumentaron por encima del promedio general de precios y empujaron aún más hacia arriba la canasta alimentaria básica.
Además, las tarifas de servicios públicos, que en 2025 habían sido objeto de múltiples aumentos escalonados decretados por el Ejecutivo, continuaron su marcha ascendente en febrero. La luz, el gas y el agua constituyen hoy un componente cada vez más pesado en el presupuesto familiar, encareciendo no solo el consumo en hogares sino también los costos de producción de bienes y servicios básicos.
El rubro turismo, por su parte, dio un nuevo salto debido al aumento de los costos vinculados a pasajes, alojamiento y servicios asociados, fuertemente impactados por la suba del dólar turista y la apertura de la temporada estival. Familias que intentaron vacacionar o trasladarse dentro del país sintieron un impacto directo en sus cuentas, consolidando una tendencia en la que el turismo —tradicionalmente un gasto “discrecional”— se encarece a pasos agigantados, arrastrando también a otros sectores de la economía.
Estos factores se suman al contexto general de recuperación insuficiente de salarios y escasa protección de ingresos, lo que convierte a cada mes de inflación alta en una puñalada más al bolsillo de los trabajadores, jubilados y sectores populares. El Indec también mostró que la suba de precios está generalizada en casi todos los rubros, desde alimentos y bebidas hasta transporte, esparcimiento y educación, configurando un cuadro en el que la inflación se come cualquier intento de mejora en el salario real y en el bienestar mínimo.
Organizaciones gremiales y sociales vienen denunciando que los datos oficiales no reflejan la verdadera dimensión del fenómeno, y plantean que la inflación real para el consumidor promedio está varios puntos por encima de lo que reconoce el Indec, debido a la forma en que se ponderan los productos y servicios en la canasta del índice oficial. La Asociación de Consumidores Libres y otros centros de estudio sostienen que los aumentos en rubros como alimentos y servicios son todavía más pronunciados en la práctica cotidiana, y que la estadística oficial termina por diluir el impacto real en la vida de millones de argentinos.
Mientras tanto, el Gobierno intenta poner un rostro “optimista” a estos números, intentando mostrar que la inflación está bajo control y que las políticas implementadas empiezan a dar resultados. Sin embargo, la sensación social palpable en supermercados, carnicerías y facturas de servicios es otra: la inflación de febrero fue un nuevo golpe que agrava el cóctel de precios altos, salarios extinguidos y consumo deprimido.
Este panorama vuelve a poner en el centro de la escena la disputa política por el relato económico: para muchos economistas y analistas sociales, la inflación no es un fenómeno transitorio sino estructural, y su persistencia está condenando a amplios sectores de la sociedad a una vida de precariedad sin horizonte de alivio a la vista.







