30/07/2026.- Salta al Instante.– Foto portada: Ilustrativa. Web.
Un estudio de la Fundación Pensar, vinculada al PRO, advierte que el modelo económico de Javier Milei está consolidando una Argentina con profundas desigualdades sociales y regionales. El informe sostiene que el crecimiento impulsado por la minería y los hidrocarburos no se traduce en más empleo ni en una mejora del consumo.
El modelo económico del presidente Javier Milei comienza a mostrar un escenario cada vez más desigual entre regiones y sectores sociales. Así lo plantea un informe elaborado por la Fundación Pensar, el centro de estudios vinculado al PRO, que advierte que el crecimiento económico actual se concentra en actividades extractivas mientras amplía las diferencias entre provincias, trabajadores y niveles de ingresos.
El trabajo, en el que participaron el economista Hernán Lacunza, el consultor Fernando Moiguer y Mora Jozami, sostiene que el país dejó atrás la llamada «Argentina de los promedios». Según el documento, la recuperación de la actividad ya no impacta de manera uniforme y beneficia principalmente a las provincias ligadas a la minería, el petróleo y el agro.
Uno de los principales datos del estudio es que el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) dejó de reflejar una mejora en la economía cotidiana. Mientras algunos sectores productivos muestran expansión, el consumo masivo continúa debilitado y la creación de empleo no acompaña el ritmo de la actividad.
Los autores resumen este fenómeno con una definición contundente: «hay una buena macroeconomía, pero una mala microeconomía», reflejando que los indicadores generales mejoran sin que ese avance llegue al bolsillo de gran parte de la población.
Salta aparece entre las provincias que crecen, pero pierde empleo
El informe ubica al denominado Eje Andino, encabezado por Salta, entre las regiones favorecidas por la expansión minera. Sin embargo, advierte una fuerte contradicción: aunque el producto regional creció 2,9%, el empleo cayó 9%, incluso por encima de la reducción registrada en el Área Metropolitana de Buenos Aires.
Para los especialistas, este comportamiento evidencia que el crecimiento impulsado por actividades extractivas no genera un efecto inmediato sobre el mercado laboral ni sobre el consumo interno.
El conurbano, el gran perjudicado
El estudio señala que el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) concentra el mayor deterioro económico desde el inicio de la gestión libertaria. Allí, el producto regional retrocedió 2,5% y el empleo cayó 3,6%, mientras el poder adquisitivo continúa debilitándose.
Las diferencias también aparecen en las expectativas de la población. Solo el 29% de los habitantes del AMBA cree que su situación económica mejorará durante el próximo año. En cambio, ese porcentaje asciende al 41% en el Eje Andino, donde se encuentra Salta, y llega al 45% en la Patagonia.
Cuatro Argentinas bajo el mismo modelo
La investigación divide a la sociedad en cuatro grandes grupos sociales surgidos del nuevo escenario económico.
Por un lado aparecen los «ganadores», conformados por personas con altos ingresos, patrimonio o actividades vinculadas a los sectores que más crecen.
Luego identifica a los «esperadores», trabajadores formales de clase media que todavía no perciben mejoras importantes, pero mantienen expectativas positivas.
En un tercer escalón ubica a los «ajustados», sectores de ingresos medios y bajos que perdieron capacidad de compra sin caer en la pobreza, pero que enfrentan dificultades para afrontar gastos imprevistos.
Finalmente, el informe describe a los «perdedores directos», entre quienes incluye a jubilados con haberes mínimos, empleados públicos, trabajadores informales y hogares de bajos ingresos que dependen del mercado interno.
Más endeudamiento y menos expectativas
El estudio también revela un marcado deterioro entre los sectores de menores recursos. El 73% afirma que sus ingresos no alcanzan para llegar a fin de mes y casi la mitad teme perder su empleo.
Además, la investigación sostiene que el crecimiento del endeudamiento de las familias refleja la falta de capacidad de ahorro y la pérdida del poder adquisitivo.
Aunque reconoce que el Gobierno logró estabilizar algunos indicadores macroeconómicos, la Fundación Pensar concluye que esa mejora aún no se convirtió en una recuperación social amplia y que el desafío pendiente es transformar el orden económico en una mejora concreta para la vida cotidiana de la población.







