02/03/2026.- Salta al Instante.- Por Nico Ortiz.- Foto portada: Javier Milei inauguró con gritos, acusaciones y falsedades el nuevo período de sesiones del Parlamento. Imagen: Comunicación Senado.
El presidente Javier Milei inauguró el 144.º período de sesiones ordinarias en el Congreso de la Nación con un discurso que, más que presentar propuestas concretas para enfrentar la crisis, funcionó como un fogoneo interminable de confrontación política y autoelogios desconectados de la realidad argentina. Mientras sectores populares sufren salarios deteriorados, desempleo persistente y niveles de pobreza que el Gobierno no reconoce en sus estadísticas oficiales, Milei eligió un tono inflamado y agresivo para disfrazar la ausencia de un plan claro de gestión.
Transmitido por cadena nacional, el discurso —que se extendió por más de 90 minutos— tuvo más de ruidos estridentes que de anuncios palpables para las mayorías: acusaciones, descalificaciones y repeticiones de fórmulas ya gastadas por el propio Presidente y su entorno. En lugar de detallar medidas concretas para frenar la caída del empleo o el deterioro del consumo, Milei optó por cargar contra sus adversarios políticos, repetir viejas consignas ideológicas y anunciar “más reformas estructurales” en términos abstractos.
El propio análisis editorial de esta redacción señala que lo único claro de la noche fue “muchos gritos e insultos pero nada de anuncios” relevantes para enfrentar los problemas que castigan a la población. El relato presidencial se acercó más a una operación de relato que a una exposición de políticas públicas con sustento técnico o plan económico viable.
Paradójicamente, el presidente que prometió romper con el statu quo eligió un tono que emula al presidente estadounidense Donald Trump en sus momentos de mayor polarización interna, con epítetos, ataques personales y chicanas que poco tienen que ver con la gestión de un Estado que atraviesa una crisis social profunda.
Milei dedicó una porción significativa de su alocución a denostar al kirchnerismo y a la oposición, calificándolos con términos insultantes y señalándolos como responsables de todos los males económicos y políticos del país. La referencia constante a figuras como la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, actualmente bajo arresto domiciliario por causas judiciales, funcionó más como un mantra de campaña que como un diagnóstico serio de la realidad.
En el escenario opositor y dentro del propio recinto, la violencia verbal no fue unidireccional. Legisladores de distintos bloques se cruzaron con Milei en gritos y reclamos que evidenciaron, más que unidad institucional, un clima de ruptura y hostilidad constante en el Parlamento.
No hubo explicaciones detalladas sobre cómo piensa el Gobierno encarar temas estructurales como la inflación que no cede, el empleo que sigue precario, el deterioro del salario real o la reactivación productiva, mucho menos sobre cómo revertir la perdida de poder adquisitivo que sufren amplios sectores de la población. Ni una sola proyección macroeconómica seria, ni medidas concretas de política social, ni objetivos claros de reducción de pobreza: solo discursos reiterativos que parecen diseñados para un mitin de campaña antes que para un informe de gestión ante el pueblo.
La arenga presidencial chocó, además, con los números del propio rating de la cadena nacional: a pesar del despliegue mediático, el mensaje no logró cautivar a la audiencia y quedó lejos de las cifras que el Gobierno suele resaltar como prueba de respaldo popular.
La sensación que queda tras la apertura de sesiones no es la de un gobierno sólido con respuestas para la crisis sino la de un líder obsesionado con la confrontación, con golpes verbales y consignas, pero vacío de propuestas concretas para los desafíos más urgentes del país. La falta de contenido concreto —como ya señaló esta crónica crítica— no puede ser maquillada con epítetos y voceros que repiten eslóganes sin sustancia.
Dos horas de discurso de Milei, un discurso largo, pero inútil, como las políticas del gobierno libertario, que es más un relato ineficiente y mal manejo de Estado. No habló de la moral política, porque simplemente no se puede hablar de lo que se carece: coimas, corrupción y estafas, lo que ha dejado el gobierno de Milei desde su inicio a la fecha y un pueblo que resiste a pesar de las incoherencias y la deshonestidad de sus gobernantes.







