21/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
El precio de la carne argentina volvió a dar una nueva estocada al bolsillo de millones de hogares: en apenas una semana registró un salto de 2 % promedio, profundizando una escalada que ya lleva meses fuera de control y marcando otra vez el ritmo de una inflación que no da respiro. La noticia, lejos de ser un dato técnico, pone en evidencia el desorden económico que golpea directamente al consumo popular y a quienes ven cómo sus ingresos se evaporan frente a la suba constante de los alimentos básicos.
Según los últimos registros del Indec, los precios de los distintos cortes de carne vacuna siguieron su marcha ascendente sin pausa, en un contexto donde ni siquiera las políticas públicas hasta ahora impulsadas lograron frenar la dinámica alcista. La suba reciente se suma a un patrón de aumentos continuos que acumula decenas de puntos porcentuales en lo que va del año, afectando con especial crudeza a los sectores de menores ingresos que destinan gran parte de su presupuesto a la comida familiar.
Los gobiernos de distintas jurisdicciones y voceros del sector oficial han intentado en las últimas semanas mostrar que existen herramientas para contener la inflación de alimentos, pero las cifras concretas muestran otra realidad: los precios no ceden y la carne, uno de los rubros más sensibles del consumo, sigue marcando récords semanales de incremento. Además, las medidas de estímulo a la producción y acuerdos de precios no alcanzan para frenar las subas, según coinciden economistas críticos del enfoque actual.
Esta situación se inscribe en un cuadro económico más amplio que ya se ha hecho sentir con fuerza en otros segmentos de la canasta básica: desde los comestibles secos hasta los productos lácteos y los panificados, los aumentos continúan acumulándose y provocan impacto en los índices generales de inflación. El resultado es una espiral donde cada nueva semana trae consigo una nueva factura más alta y un ingreso familiar que pierde capacidad de compra.
No es un fenómeno aislado de un solo mercado. En los últimos meses, también se observó que los precios de los combustibles, los servicios esenciales e incluso tarifas reguladas siguieron subiendo por encima de la mayoría de los salarios formales, profundizando la sensación de que la economía real y los salarios no caminan al mismo ritmo. Esa disparidad refuerza el argumento de expertos que sostienen que las políticas económicas actuales no están logrando equilibrar ni mitigar los efectos de la inflación en los sectores más vulnerables.
Desde el sector de supermercados y la industria alimentaria también señalan que los costos de insumos, logística y presión cambiaria se trasladan con facilidad a los precios finales, alimentando una rueda de incrementos que parece difícil de detener. Las autoridades económicas, por su parte, mantienen que trabajan en mecanismos de control y acuerdos con sectores productivos, aunque los datos oficiales y los registros de precios muestran que esos esfuerzos todavía no se traducen en alivio real para los consumidores.
Mientras tanto, en las mesas familiares del país, la pregunta cotidiana es cuánto más podrá estirarse el presupuesto sin resignar calidad nutricional o volumen de alimentos. La carne, tradicional emblema de la dieta argentina, así dejó de ser un lujo intermitente para transformarse en un termómetro de crisis económica, mientras el aumento semanal de sus precios se convierte en un dolor de cabeza recurrente para millones de hogares.







