LA CRISIS QUE EL GOBIERNO DE MILEI NIEGA: Despidos, cierres y un derrumbe productivo pese a la calma cambiaria

La Argentina atraviesa una crisis socio-productiva profunda, aunque el relato oficial insista en negarla porque el dólar no se dispara. Desde el 27 de octubre, tras las elecciones de medio término, se multiplican los despidos masivos, cierres de fábricas y un retroceso industrial que ya suma cerca de 10% en dos años. Todo esto ocurre mientras el Gobierno celebra una estabilidad cambiaria sostenida, según especialistas, “por el respirador financiero de Donald Trump”.

En el imaginario económico tradicional, crisis es sinónimo de corrida, devaluación o hiperinflación. Pero lo que se despliega hoy es un shock sociolaboral silencioso, menos estridente que una corrida cambiaria, pero igual o más destructivo. Es una crisis real, aunque no se la llame así.

El dólar quieto, el trabajo en caída libre

La campaña oficial del “riesgo kuka” —el miedo a un salto del dólar si Milei perdía las legislativas— y el respaldo explícito de Trump lograron evitar un nuevo estallido cambiario. Pero ese blindaje abrió la puerta a un ajuste cuyos efectos ya se sienten en fábricas, comercios y pymes.

La tranquilidad financiera logró anestesiar a una parte de la sociedad, que observa el dólar quieto mientras la industria se desangra. El mensaje oficial es simple: si la divisa no vuela, no hay crisis. La realidad muestra lo contrario: lo que se dispara no es el dólar, sino los despidos.

La maquinaria del miedo como estrategia electoral

El oficialismo montó su campaña sobre el temor al caos financiero. El “riesgo kuka” advertía que un triunfo opositor haría implosionar la economía. Ese mensaje tuvo su rúbrica internacional cuando Trump aseguró que “si no gana Milei, no seremos generosos con Argentina”. La ayuda financiera quedó así condicionada al resultado electoral.

Según el Monitor del Humor Social y Político de D’Alessio IROL/Berensztein, este respaldo externo generó un rebote en las expectativas económicas, aun cuando el diagnóstico sobre la situación actual seguía siendo negativo. El miedo al dólar, el auxilio financiero y el cálculo político se transformaron en el relato económico central del Gobierno.

La otra foto: industria en picada

Tras las elecciones, el Gobierno festeja un dólar estable, riesgo país a la baja y acciones en alza. Pero esa postal es superficial. Detrás de la calma financiera se esconde un invierno productivo.

El último Informe de Actualidad Industrial de la UIA registró en octubre una caída interanual del 2% y siete de los dieciséis sectores en baja. La industria opera 10 puntos por debajo de 2023.

Las cifras del empleo formal son igual de contundentes:

  • 19.164 empresas cerradas desde noviembre de 2023

  • 276.000 empleos registrados destruidos en el mismo período

Equivale a casi 30 empresas menos por día y 432 empleos perdidos diariamente desde el triunfo de Milei. Una sangría que muchas veces no llega a los titulares porque no se traduce en una corrida, sino en un goteo permanente.

Despidos, suspensiones y fábricas vaciadas

Desde fines de octubre, al menos 18 empresas cerraron, suspendieron o despidieron trabajadores: metalúrgicas, textiles, autopartistas, alimenticias, tecnológicas y más. Entre los casos recientes:

  • Whirlpool cerró su planta de Pilar y despidió a 220 trabajadores.

  • Electrolux profundizó suspensiones en Rosario.

  • Mabe bajó la persiana en Córdoba.

  • Cramaco en Santa Fe despidió 37 operarios y se volvió importadora.

  • Newsan no renovó contratos a 150 operarios.

  • Empresas como Essen, Dana, SKF y varias textiles también realizaron recortes.

El patrón se repite: firmas que dejan de producir localmente para volcarse a la importación, aprovechando un atraso cambiario que vuelve más rentable traer productos que fabricarlos.

Un riesgo más grande que el “riesgo kuka”

La verdadera amenaza no era una corrida cambiaria fogoneada por la oposición, sino el avance de un modelo que está desarticulando la estructura productiva y expulsando miles de trabajadores.

El “termómetro” que usa el Gobierno —el precio del dólar— está roto. La estabilidad cambiaria se celebra mientras la industria colapsa, las pymes cierran y el empleo formal se evapora.

No hubo colas en las casas de cambio, pero sí en Recursos Humanos para recibir telegramas. No hubo corrida bancaria, pero sí corrida hacia la informalidad. No explotó el dólar, pero explotaron las fábricas.

La Argentina vive una crisis que el relato oficial se niega a nombrar: una caída productiva del 10%, empresas que cierran a razón de 30 por día y un mercado laboral devastado. Aunque el dólar no se mueva ni un centímetro.