07/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa.
Ni la leche zafa del ajuste. En noviembre, el consumo de lácteos se hundió a niveles alarmantes y dejó al desnudo el deterioro brutal del poder adquisitivo, la inflación persistente y el desgaste económico que golpea de lleno a los hogares. Incluso alimentos básicos empiezan a desaparecer de la mesa cotidiana.
Según datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), las ventas de productos lácteos se derrumbaron en noviembre: el volumen total cayó 12,7% respecto de octubre y, medido en litros de leche equivalente, el desplome fue todavía peor, del 16,7%. En promedio diario, la baja rozó el 14%. Un golpe seco al consumo esencial.
El dato no es un accidente ni un bache pasajero. Llega después de varios meses de desaceleración y marca uno de los peores registros de todo 2025. La señal es clara: el consumo no resistió el ajuste y terminó de ceder incluso en rubros históricamente considerados imprescindibles.
Ni comparando con 2024 zafa
La comparación interanual tampoco ofrece consuelo. Frente a noviembre del año pasado —que ya había sido un período malo— las ventas cayeron 3,6% en volumen y 5,6% en litros de leche equivalente. Es decir: ni siquiera se logró recuperar el derrumbe previo.
La supuesta recuperación de comienzos de año quedó pulverizada en el segundo semestre, cuando los precios siguieron subiendo y los ingresos reales nunca acompañaron. La inflación se comió los salarios y obligó a recortar hasta lo básico.
El propio informe del sector lo admite sin rodeos: “El fuerte deterioro de los ingresos reales hace que proliferen las ventas informales, que no quedan registradas en las estadísticas”. En criollo: la gente busca lo más barato como sea, aunque sea fuera del sistema.
Menos leche, más reemplazos baratos
Con los bolsillos vacíos, las familias cambian hábitos a la fuerza. Se reemplaza leche por bebidas “simil lácteas”, manteca por margarina y productos tradicionales por versiones recortadas o “rayadas”. Lo que antes era elección, hoy es supervivencia.
En el acumulado de enero a noviembre, las ventas muestran una suba del 5,8% en volumen, pero el dato engaña: en 2024 el consumo había caído más de 10%. Todavía faltan casi cuatro puntos para volver siquiera a niveles ya deprimidos.
La leve mejora se concentró en quesos económicos y productos de bajo valor agregado. Las leches fluidas y en polvo siguieron flojas. En muchos casos, el repunte se explicó por descuentos agresivos y resignación de precios, a costa de la rentabilidad de toda la cadena.
Cambios forzados en la mesa
El informe confirma un cambio estructural: más productos baratos, fraccionados y básicos; menos yogures, postres y especialidades. Los alimentos de mayor valor agregado siguen lejos de recuperar lo perdido en 2024, cuando algunos rubros tocaron mínimos comparables con la pandemia.
El desplome del consumo de leche y lácteos es una postal cruda de la crisis que el Gobierno intenta relativizar. Cuando hasta la leche deja de comprarse, el problema no es cultural ni estacional: es económico. Y pega directo en la mesa de los argentinos.







