06/12/2025.- Salta al Instante.- Foto portada: Trump y Milei en la Casa Blanca. Imagen: Andrew Caballero-Reynolds/AFP
La nueva era Trump no llegó con sutileza: llegó con un mazo. Y lo está usando para marcar territorio en América Latina, respaldar a aliados con prontuario y disciplinar a quien se atreva a levantar la cabeza. La flota de guerra en el Caribe no es un gesto: es una advertencia de manual.
El gobierno norteamericano rebautizó el Instituto para la Paz como Instituto Donald Trump para la Paz —el chiste se escribe solo— y habilitó una lista negra oficial de periodistas críticos. Entre gestos autoritarios, el golpe de efecto llegó dos días antes de las elecciones en Honduras: Trump indultó a Juan Orlando Hernández, expresidente condenado por narcotráfico en Estados Unidos. En paralelo, acusó sin pruebas a Nicolás Maduro de ser “narco” y amagó con invadir Venezuela.
Y ahí entró Milei. El representante argentino en La Haya, Diego Sadosfchi, salió a pedir “medidas urgentes” contra el presidente venezolano. Estados Unidos no reconoce a la Corte Internacional, pero necesitaba cómplices para legitimar su presión geopolítica. El gobierno argentino se prestó sin dudar: favores son favores, sobre todo después de la ayuda descarada de Washington en las elecciones locales.
Un indulto que huele a cocaína
El caso Hernández es un delirio incluso para los estándares de Trump. El expresidente hondureño no es un perseguido político: es un condenado probado por introducir toneladas de cocaína a Estados Unidos. Y aun así fue indultado. ¿Excusa? Trump dijo que “fuentes amigas” le aseguraron que su trato había sido injusto. Ni se animó a hablar de inocencia porque no existe manera de inventarla.
Pero detrás del indulto hay una trama más gruesa: Hernández tenía relaciones aceitadísimas con la firma de lobby BGR Group y, casualmente, con Marco Rubio, hoy secretario de Estado. Rubio, por cierto, tampoco llega limpio a esta historia.
Rubio, el niño mimado de Washington con pasado entre narcos
En 2015, The Washington Post reveló vínculos familiares de Rubio con figuras del narcotráfico en Miami. Vivía en la casa de su hermana y de su cuñado, Orlando Cicilia, capo narco de los ’80. Cicilia recibió 35 años de condena… pero mágicamente salió a los 12, justo cuando Rubio asumía en el Congreso. Coincidencias que no coinciden.
Luego aparecieron las conexiones del BGR Group: contratos, favores, ex empleados del Congreso trabajando para Rubio, y aportes de campaña. Una maquinaria que olía igual que los cargamentos que movía Hernández.
La hipocresía hecha política exterior
Mientras Trump blinda a un narco condenado y recicla operadores con pasado turbio, amenaza con invadir Venezuela por un cartel que ni siquiera existe. El botín es más claro que el discurso: petróleo, alineamiento geopolítico y disciplinamiento regional.
En esa jugada, Milei entra como alumno aplicado: acata, repite y se acomoda. Pero ese seguidismo no es gratis. Acompaña la deriva autoritaria de Trump: renombrar Defensa como “Guerra”, cambiar el Instituto para la Paz por un santuario personalista de Trump, perseguir periodistas y desenterrar la doctrina del golpismo.
Todo envuelto en un clima de democracia restringida, donde el poder duro y las corporaciones tecnológicas moldean la información y los límites democráticos como si fueran plastilina.
“Unidos o dominados”: la frase vuelve porque vuelve la historia
Trump no necesita invadir para hacer saltar la región por los aires: le alcanza con fogonear golpes internos, como ya sugiere la oposición radicalizada en Venezuela, premiada incluso con un Nobel de la Paz que suena a ironía.
La presencia militar en el Caribe, las operaciones abiertas en procesos electorales —incluida la Argentina— y la diplomacia del apriete pintan un escenario claro: Estados Unidos vuelve a la vieja receta. Y los gobiernos que se le arrodillan, como el de Milei, terminan siendo parte de la maquinaria que erosiona la propia región.
La pregunta ya no es si esto es intervención. La pregunta es: ¿Cuántas veces más va a dejar América Latina que le escriban el destino desde afuera?







