¿LA FIESTA SE TERMINA?

15/04/2026.- Salta al Instante.- Por Flor de la V.-Foto portada: Ilustrativa. Imagen: Leandro Teysseire.
Hasta hace nada, juraba que estábamos atravesando este mazazo económico completamente anestesiadxs, sin reflejos. En estos últimos días sentí un clic: hoy paso de ver a una ciudadanía adormecida a sospechar que la paciencia colectiva está llegando a su límite.

La calle no miente y los datos tampoco: el consumo de leche y de carne están en mínimos históricos. La gente está reventando la tarjeta y endeudándose, pero no para darse un gusto o irse de viaje, sino para poder pasar por la caja del supermercado y pagar la luz. Mientras esto ocurre, el gobierno celebra la baja de la pobreza. Pero cualquiera que salga a la calle a caminarla un poco puede ver que el ánimo del pueblo está por el piso.

¿Cómo se hace para mantener la esperanza con este panorama? A este presente se le sumó una postal que empieza a repetirse con mayor frecuencia en los noticieros: colas interminables en el ámbito del AMBA por el conflicto con el trasporte, que sigue sin resolverse.

Uno de los relatos que me impactó profundamente fue el de Lourdes, una chica que estaba esperando en la fila del colectivo hacía más de treinta minutos. Ante la pregunta del notero, respondió con crudeza: “Tengo 28 años y estoy cansada; lo único que digo todos los días es: estoy cansada”. Lo que ella resumía es, seguramente, el calvario de muchxs: sale a las 5 de la mañana para irse a laburar, vuelve a las 9 de la noche, y así y todo, la plata no alcanza. El lujo de comer carne ya no existe, llegar a fin de mes es un milagro y la deuda es la única salida. Una rutina que le arranca el tiempo para estar con su hijo y que, para coronar la escena, la castiga por un paro ajeno haciéndola llegar tarde al trabajo.

Durante la entrevista no dejó de repetir la palabra “cansada”. Cansada físicamente, pero también mentalmente de no llegar con el dinero, de hacer un enorme sacrificio y que eso no alcance. Era tan tremendo el cuadro que hasta le pedía perdón al notero por su agotamiento. “¿Y todos los días me pregunto para qué? Voy a seguir viviendo para pagar deuda de acá a que me muera”. remató. Lourdes no puede irse a vivir sola; comparte casa con su papá y su hermano. Trabajan los tres, ponen todo sobre la mesa y, así y todo, la cuenta no cierra. El dato que me terminó de coronar la historia es que su padre tiene tres empleos y, aun así, no logran estar tranquilos.

Me impactó tanto este testimonio que al día siguiente lo mencioné en “Los Profesionales”, mi programa de espectáculos que no suele abordar estos temas. No podía quedarme callada: las personas que me conocen saben de mi compromiso, así que no quise mirar para otro lado. Las palabras de Lourdes están llenas de realidad y transparencia, lo destaco porque no sentí la grieta en su relato, estoy segura de que esa no fue su intención ni me importa su afinidad política, si es que la tiene. Lourdes, en una parada de colectivo, expuso su corazón y puso en palabras la realidad de tantxs argentinxs.

Siempre que veo noticias como estas me pregunto: ¿Estarán mirando lxs diputaxs, senadores y ministrxs que viajan en autos con chofer y vidrios polarizados? ¿Se habrá enterado el Presidente de la Nación? Sospecho que eligen la ceguera. Les resulta más fácil justificar los favores del Banco Central a sus conocidos y hacer oídos sordos ante los préstamos milagrosos de jubiladas al Jefe de Gabinete. Llevan tanto tiempo mareados por sus privilegios, que perdieron el registro de la realidad del pueblo, que no llega a fin de mes, no puede comer carne y ya no toma leche mientras ellos viven la vida loca. Pero no se olviden: la fiesta, como la paciencia de la gente, algún día se termina.