LA GUERRA PEGA EN LA MESA: Suben los costos, acecha la inflación y el fantasma del plato vacío vuelve a escena

13/04/2026.- Salta al Instante.-Foto portada: Ilustrativa. Web.
El conflicto en Medio Oriente ya no es una noticia lejana: empieza a filtrarse en cada ticket del supermercado. Tras el golpe inicial en los combustibles, ahora el temor se traslada a lo más sensible: los alimentos. Y la advertencia no viene de cualquier lado. El Fondo Monetario Internacional, junto al Banco Mundial y el Programa Mundial de Alimentos, ya puso el grito en el cielo: la combinación de petróleo caro, fertilizantes en alza y logística encarecida empuja directamente a una suba global de precios y a más inseguridad alimentaria.

La titular del organismo, Kristalina Georgieva, fue más lejos: calculó que la crisis ya arrastra a 45 millones de personas más hacia el hambre. Un dato global que empieza a tener eco local.

En Argentina, por ahora, el impacto se ve con matices. La inflación de marzo mostró el primer sacudón en transporte —empujado por combustibles que subieron entre 15% y 20%—, mientras los alimentos todavía se movieron con más calma. Pero esa calma tiene fecha de vencimiento.

El agro, termómetro clave de la economía, ya encendió luces de alerta. La ecuación es simple y brutal: producir cuesta más. Los fertilizantes subieron hasta un 40% y mover la cosecha es cada vez más caro por el aumento del gasoil. El resultado es una presión creciente que, tarde o temprano, termina en la góndola.

Por ahora, el “cosechón” de maíz aparece como un amortiguador. La abundancia permite que parte del impacto se absorba dentro del sistema productivo y no se traslade de lleno a los precios. Pero es un equilibrio frágil. Si la guerra se prolonga, ese colchón puede desaparecer.

Porque el problema no es solo lo que pasa en el campo. Es lo que pasa en el camino. Más del 90% de la producción agropecuaria en Argentina se transporta en camiones. Y cada litro de combustible más caro se traduce en fletes más caros. Es ahí donde el golpe se vuelve inevitable: en la logística que lleva la comida a la mesa.

Los números ya lo muestran. Un contratista que cobraba 300.000 pesos por hectárea ahora necesita 400.000. Un salto del 33% que no se evapora: se traslada. Y cuando se traslada, impacta.

El riesgo mayor está en el tiempo. Si el conflicto se estira, el efecto deja de ser indirecto y se vuelve estructural. Los commodities suben en el mundo y, aunque Argentina produzca alimentos, no queda aislada. Los precios internacionales terminan filtrándose en el mercado interno.

La guerra, entonces, deja de ser un titular internacional para convertirse en un problema cotidiano. Porque cuando sube el costo de producir, transportar y vender alimentos, la consecuencia es directa: comer cuesta más.

Y en un país donde el poder adquisitivo ya viene golpeado, cada aumento no es solo un número. Es una señal de alerta. Porque el conflicto está lejos, pero el impacto llega igual. Y llega al lugar más sensible: el plato.