LA INFLACIÓN SE RECALIENTA: Caputo choca con otro vencimiento gigante

12/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Luis Toto Caputo, ministro de Economía. Imagen: LPO/Juan Casas.
El equipo económico no tuvo ni tiempo de respirar. Apenas logró juntar los USD 4.300 millones para pagar el vencimiento de la semana pasada y ya enfrenta otra prueba crítica: el próximo miércoles vencen más de $20 billones en deuda en pesos. Inflación en alza, tasas altas y un mercado cada vez más desconfiado arman un combo explosivo.

El 14 de enero vencen $19,3 billones correspondientes a dos Lecaps. Casi la mitad está en manos del propio Estado, un maquillaje contable que baja el riesgo inmediato pero no elimina el problema. El resto está en manos privadas y obliga al Tesoro a salir a rogar renovación en un contexto cada vez más adverso.

A ese frente se suma la letra dólar linked D16E6, que debía pagar $6 billones. El Gobierno logró patear $3,4 billones hasta fin de mes con un canje exprés. Alivio momentáneo, problema intacto. El clásico pagar hoy para sufrir mañana.

La maniobra se oficializó mediante una resolución conjunta de Finanzas y Hacienda: ampliaron la LELINK D30E6 hasta USD 4.000 millones para absorber el vencimiento inmediato. Todo bajo el paraguas legal del Presupuesto 2026 y decretos que permiten aceptar deuda como forma de pago, sin importar la moneda. Ingeniería financiera para ganar tiempo. Nada más.

El mercado leyó el mensaje sin ingenuidad. Mientras el Gobierno celebraba haber pagado, subió el riesgo país y cayeron los bonos. Señal clara: no hay confianza. Los operadores ya se cubren y migran a bonos ajustados por inflación (CER), ante la evidencia de que la desinflación es más lenta de lo prometido.

Según los informes privados, los papeles CER a 2026 rinden cerca del 6%, y los de 2027 y 2028 trepan al 7,5%–8%. No es optimismo: es cobertura frente al fracaso del ancla inflacionaria.

Así, la deuda en pesos volvió a convertirse en la trampa que el propio Gobierno se fabricó. Mes a mes, el Tesoro fue acumulando vencimientos de corto plazo, indexados y cada vez más voluminosos. No fue herencia ni azar: fue decisión política.

El calendario lo expone sin disimulo. Algunos meses dan respiro, otros tensan la cuerda. Pero diciembre no es un pico más. Es una pared. Una concentración brutal de vencimientos que exige llegar con todo renovado, tasas altas, inflación controlada y el mercado todavía creyendo.

Cualquier ruido antes de fin de año convierte ese mes en un test de estrés extremo. Y con la inflación recalientándose, la pregunta ya no es si habrá tensión, sino cuánta.