24/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Supermercado. Imagen: Web.
En un escenario donde la economía argentina parece caminar al borde del abismo, otra vez los precios de los alimentos se disparan y complican aún más la vida de millones de hogares. Según el último análisis de la Fundación Capital, la inflación de febrero se proyecta cerca del 3% mensual, impulsada, sobre todo, por las subas constantes en productos de primera necesidad como la carne vacuna, y la inercia de precios que no da tregua al consumo popular. Esta aceleración amenaza con ubicar la inflación acumulada del primer trimestre de 2026 por encima de lo observado en el mismo período del año pasado.
El rubro alimentos, que en enero ya había escalado con una suba de casi 4,7% según el INDEC, vuelve a tensar los límites del bolsillo ciudadano. La carne —uno de los principales componentes de la canasta familiar— no sólo mantuvo subas sostenidas, sino que marcó incrementos superiores al promedio general, acentuando la presión sobre el índice de precios al consumidor.
Este fenómeno ocurre en un clima político enrarecido: la confianza en el gobierno de Javier Milei sigue desplomándose, con indicadores que registran caídas consecutivas durante varios meses, presionados por la persistente inflación, la caída del poder adquisitivo y el desgaste de las reformas económicas impulsadas por la administración oficialista.
El economista Carlos Melconian alertó que este combo letal entre inflación alta y salarios estancados puede derivar en “estanflación”, donde los precios se aceleran mientras la actividad productiva se desacelera y el empleo no repunta, dejando a los sectores populares sin redes de contención claras. Sus declaraciones reflejan el panorama difícil que enfrentan trabajadores, jubilados y comerciantes pequeños.
Además, la controversia sobre cómo se mide la inflación siguió alimentando el debate político: semanas atrás, la salida de Marco Lavagna de la conducción del INDEC por divergencias con la Casa Rosada volvió a poner en tela de juicio la independencia de los datos económicos oficiales, generando desconfianza sobre las cifras reales de precios y su impacto social.
En este contexto, el aumento de los alimentos no es un dato aislado sino la punta visible de una crisis de costo de vida que ya se traduce en decisiones forzadas en los hogares: familias que recortan mercadería, reducción de porciones en platos y migración hacia marcas más baratas o productos de menor calidad. La inflación no sólo erosiona salarios: desarticula la vida cotidiana de millones de argentinos.
Mientras tanto, las negociaciones paritarias se intensifican en marzo para intentar compensar estas subas de precios, aunque no hay certezas de que los aumentos salariales puedan siquiera acercarse al ritmo inflacionario que está registrando el país.
En resumen: más inflación en alimentos, menos confianza en el Gobierno, salarios que no alcanzan y una economía que sigue presionando a los sectores populares, que ven cómo cada vez les resulta más caro poner comida en la mesa sin que aparezcan soluciones claras en el horizonte político y social.







