21/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Gabriela Flores, Gonzalo Guzmán Coraita y Emilia Orozco. Imagen: Web.
La interna política en Salta escapó de la formalidad y se metió de lleno en la escena pública después de que legisladores provinciales del espacio libertario salieran a quejarse por el rechazo generalizado a su voto favorable a la reforma laboral. Lo que para una parte de la sociedad fue una traición a los derechos de los trabajadores, para ellos se convirtió en motivo de autocompasión y en una excusa para atacar a sus críticos.
Los diputados, lejos de responder con argumentos a las críticas por respaldar una reforma que recorta derechos laborales y flexibiliza condiciones de trabajo, optaron por señalar que quienes cuestionan su postura son actores políticos que “no entienden el progreso” o que simplemente quieren “obstaculizar reformas necesarias”. La queja no es menor: hablan de una supuesta “campaña en su contra” en medios y redes sociales por parte de sectores sindicales, organizaciones de trabajadores y otras fuerzas políticas.
La reforma laboral votada en la Legislatura provincial fue presentada por los impulsores como una herramienta para “dinamizar el mercado de trabajo”, reducir costos empresariales y atraer inversiones. Sin embargo, la respuesta social fue inmediata y enérgica: críticas de sindicatos, reclamos de organizaciones sociales y cuestionamientos desde ámbitos académicos apuntaron a que la reforma precariza derechos conquistados, facilita la rebaja de salarios y debilita las condiciones de negociación colectiva.
Lejos de asumir la dimensión del rechazo, los legisladores libertarios salteños decidieron centrar su defensa en denunciar que están siendo objeto de “ataques injustificados” y que la crítica se debe a prejuicios ideológicos contra el sector. En ese tono, acusaron a sus opositores de promover “discursos populistas” y de fomentar una “campaña de desinformación” para perjudicar su imagen.
El episodio desató un cruce más amplio: referentes sindicales replicaron que el descontento no es una campaña orquestada sino una expresión legítima de trabajadores que ven peligrar sus derechos. En paralelo, otros sectores de la oposición advirtieron que la defensa de medidas que potencian la precarización laboral no puede esconderse detrás de un discurso de victimización ante la crítica pública.
La tensión no se limita a la discusión en Salta. A nivel nacional, la aprobación de reformas laborales en distintas provincias y la intentona de avanzar con cambios en el régimen nacional han generado polémica entre sindicatos y organizaciones sociales, que advierten sobre una ola de flexibilización que podría afectar conquistas laborales históricas. Ejemplos recientes de este tipo de conflictos pueden verse en otras jurisdicciones donde propuestas similares fueron rechazadas con protestas y debates encendidos en las cámaras legislativas.
La reacción de los diputados libertarios salteños expone, además, un estilo de gestión y de comunicación política que prioriza la confrontación por sobre la argumentación. En lugar de debatir las críticas sustantivas sobre el impacto de la reforma laboral en la vida de los trabajadores, optaron por alimentar una narrativa de persecución.
Así, mientras en las calles y entre sindicatos se profundiza el rechazo a una reforma que consideran regresiva y perjudicial para los derechos laborales, los representantes que la promovieron se dedican a quejarse de que los señalan por hacerlo. El choque de percepciones deja en evidencia no solo una disputa política, sino también una fractura sobre la interpretación del rol del trabajo, el empleo y la justicia social en una provincia que, como otras en el país, se enfrenta a tensiones crecientes en medio de un contexto económico complejo.







