04/03/2026.- Salta al Instante.- Por Nico Ortiz.-Foto portada: IA.
En una noche donde los números pesaron más que cualquier discurso libertario, Gustavo Sylvestre hizo lo que el Gobierno evita: leer los datos. En Minuto Uno, puso al aire un tuit del sanitarista cordobés Oscar Atienza y la cifra no dejó margen para eufemismos: en 2024, primer año de Javier Milei en la Casa Rosada, murieron 21.276 personas más mayores de 65 años que en 2023. Exceso de mortalidad del 9,5%. El mismo año en que se les quitaron los remedios a los jubilados. “No fue inocuo”, subrayó Sylvestre. “Dale RT, los jubilados merecen difusión de su problema”.
Atienza no habló en potencial ni en metáforas. Habló con números oficiales. “Ya teníamos sospecha de lo que estaba pasando en el 2024”, explicó. En los consultorios, médicos escuchaban la misma pregunta repetida como un eco de ajuste: si se podía partir el comprimido, si en vez de tomarlo cada 12 horas se podía estirar a 24. En personas con hipertensión u otras enfermedades crónicas, el desenlace no es misterio clínico: ACV, infarto, muerte.
La confirmación llegó con el Anuario de Estadísticas Vitales publicado por el Ministerio de Salud de la Nación. No es un informe opositor. No lo escribió Atienza. Es información oficial. Allí figura la tasa de exceso de muerte del 9,5 por ciento y el número crudo: 21.276 mayores de 65 años fallecidos de más.
Pero la sangría no se detiene en los jubilados. La mortalidad infantil pasó de 8% a 8,5%. La mortalidad materna aumentó un 37%. “Se mueren mamás embarazadas, niños y los adultos mayores”, enumeró el médico. Y en la franja de 35 a 39 años el exceso de muerte también es del 9,5%. “Es exagerada, y eso tiene que ver con los suicidios”, afirmó.
Sylvestre puso el foco en el dato que quema. Más muertes en mayores de 65. Atienza fue tajante: “No tenga duda que están ahí las causas”. Y comparó con la pandemia. En ese período, la tasa de exceso de muerte fue del 10,6 por ciento. Apenas por encima. “Hoy día están muriendo más personas que en plena pandemia en ese grupo etario. Algo está pasando”.
¿Y qué pasó? “Le mezquinaron los remedios. Ya no tienen acceso pleno”. Las obras sociales tampoco dan abasto. Los aportes descontados de sueldos “magros” no alcanzan para cubrir prestaciones. No es solo IOSFA ni el PAMI. Son todas las obras sociales en crisis. La morbilidad —los que sobreviven con secuelas— se medirá el año próximo. La mortalidad ya está sobre la mesa.
Cuando Sylvestre preguntó por los datos de 2025, la inquietud fue doble. Deberían publicarse en abril o mayo. Pero los de 2024, que tenían que estar el año pasado en esa fecha, aparecieron recién hace un mes. “Es decir, que los esconden”, lanzó el conductor. “Sí, sí, al menos los van a demorar hasta el año que viene”, respondió Atienza. Y advirtió que esa demora impide a los equipos de salud dimensionar la crisis y actuar. “El 2025 lo tenemos perdido. Los datos van a ser lapidarios cuando los tengamos, pero el 2026 está iniciando”.
El mapa sanitario que describió Atienza parece salido de un archivo del siglo XIX. Sarampión: la Argentina dejó de ser país libre y ahora es endémico, algo que no ocurría desde 2002. Paperas, después de 40 años sin casos significativos. Tos convulsa: nueve niños muertos. Dengue, zika, chikungunya, encefalitis de San Luis, fiebre hemorrágica argentina, hantavirus. Sífilis: 50.000 casos activos, récord histórico. Tuberculosis en brote. Lepra nuevamente en brote cuando los leprosarios ya eran parte del pasado. Hepatitis A, B, C y E en aumento. Enfermedades supurativas de transmisión sexual con un incremento del 120%.
“Enfermedades de la edad media”, definió. Recordó que en 1813, en Cuyo, José de San Martín impulsó una campaña de vacunación que logró controlar y erradicar la viruela. En 2026, señaló, ni siquiera se logra controlar la viruela símica, también en brote. “Prácticamente todas las enfermedades de la infancia que se llaman evitables por vacuna están en brote, absolutamente todo”.
La fuente no es un panfleto partidario. Es el Boletín Epidemiológico Nacional que se publica cada miércoles. El propio Ministerio de Salud.
“Un Ministerio de Salud a nivel nacional inexistente”, disparó Sylvestre. Atienza fue más lejos: “Peor. Si fuese inexistente tendríamos menos daño del que estamos viendo”.
Mientras el Gobierno construye relato, los números oficiales dibujan otra escena. Una que no se tuitea con épica de motosierra. Una que, según los datos del propio Estado, ya se cuenta en miles de muertos.







