MARADONA EL INSURRECTO ETERNO: Cinco años sin el que nunca le bajó la cabeza al poder

25/11/2025.- Salta al Instante.- Por Cabecita Negra.- Foto portada: El Eterno 10. Imagen: Web.
Cinco años después de su muerte, Diego Armando Maradona sigue generando discusiones, pasiones, disputas. Pero hay algo que no admite matices: fue uno de los pocos ídolos populares que jamás se arrodilló ante ningún poder, ni el político, ni el económico, ni el deportivo. Incluso cuando eso le costaba contratos, campeonatos, amigos, prestigio y hasta su propio bienestar.

Lo suyo no fue rebeldía de souvenir. Fue un acto de lealtad: con su origen, con los suyos, con esa villa que nunca se le despegó de la piel, incluso cuando ya era Dios en Nápoles. Por eso incomodó tanto. Un pobre que llegó demasiado alto y que no pidió permiso para hablar.

1. Contra la FIFA: “El fútbol es de los jugadores, no de los dirigentes”

Diego desafió a la FIFA cuando nadie se atrevía.
Le dijo corrupta en pleno programa de TV, cuestionó la manipulación de los sorteos, denunció la persecución antidopaje selectiva y se enfrentó cara a cara con João Havelange y con Joseph Blatter, dos de los hombres más poderosos del deporte mundial.

En 1994 lo expulsaron del Mundial con un operativo dudoso y ejemplificador. Aún así, Maradona no se calló:
“Me cortaron las piernas”, dijo. Y lo habían hecho justamente porque no era un soldado obediente.

2. Contra los dueños del negocio del fútbol

Maradona fue el primero en denunciar públicamente que los jugadores “eran esclavos de los representantes y los dirigentes”.
Pidió salarios más justos, denunció la trata de pibes en inferiores, y defendió a futbolistas de equipos chicos que nadie escuchaba.
Cuando promovió la creación de un sindicato mundial de jugadores, la FIFA hizo todo para desactivarlo. Y él insistió: sin filtro, sin miedo.

3. Contra el poder político internacional

Maradona nunca ocultó sus simpatías políticas, pero más allá de etiquetas, su norte fue claro: estar del lado de los pueblos. Por eso lo vimos abrazado a Fidel, a Chávez, a Evo, a Lula y a las Madres de Plaza de Mayo.

– En Italia desafió al poder mafioso y a la Liga cuando defendió a los inmigrantes del sur.
– En Estados Unidos denunció las guerras.
– En Argentina criticó a Menem cuando era “peligroso” hacerlo, se peleó con Macri cuando era presidente de Boca y luego cuando fue presidente de la Nación, y también supo marcarle posición al kirchnerismo cuando algo no le cerraba.

No le importaba perder privilegios. Su lealtad era hacia abajo, no hacia arriba.

4. Contra los medios de comunicación que querían domesticarlo

Maradona entendió antes que nadie que los medios necesitaban un héroe dócil, un ídolo manejable. Él se negó a serlo.
Las corporaciones mediáticas querían un Diego que jugara, no uno que opinara.
Pero él opinaba igual.

Respondía a tapa completa, denunciaba operaciones, se plantaba ante periodistas estrellas, defendía causas que no vendían publicidad. Y si no querían escucharlo, lo decía más fuerte.

5. Contra el poder deportivo argentino

En la AFA, Maradona fue un estorbo para más de uno.
Desafió a Grondona repetidas veces, denunció negociados, y expuso prácticas que nadie se animaba a nombrar.
Cuando lo dejaron fuera del Mundial 2014, explotó: no por ego, sino porque sabía que detrás había viejas vendettas.

Incluso ya de grande, en Gimnasia, volvió a ponerse del lado de los trabajadores, los hinchas, los más castigados por las crisis económicas. Hasta el último día fue un vocero de los que no tenían voz.

El Diego que el poder no pudo comprar

Cinco años después de su muerte, la figura de Maradona sigue dividiendo opiniones. Y está bien.
Pero su valentía para pelearle a los poderosos no admite discusión.

No fue perfecto, no fue santo ni pretendió serlo. Pero fue, sobre todo, coherente.
Y en un mundo donde muchos se venden por un cargo, un pase, un contrato, un minuto de TV, Diego eligió otra cosa: ser libre.

Por eso lo odiaron algunos.
Por eso lo amamos millones.

Porque cuando Maradona hablaba, hablaba el barrio.
Y el poder siempre tiembla cuando habla el barrio.

«No te voy a juzgar por lo que hiciste con tu vida, te juzgo por lo que hiciste con la mía», y a mi vida la hiciste inmensamente Feliz.