MÁS FALSO QUE BESITO DE SUEGRA: El reclamo de Milei sobre Malvinas

4/4/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Karina Milei, Manuel Adorni, Jorge Macri y Javier Milei. Imagen: Luis Robayo/AFP.
El acto del 2 de abril encabezado por Javier Milei terminó siendo una postal de la contradicción. Un presidente que declara admiración por Margaret Thatcher y que prepara una visita a Londres para fin de mes habló de soberanía en Malvinas con una credibilidad tan frágil como sus promesas sobre la caída de la inflación y la pobreza. El resultado fue un acto cargado de gestos y vacío de política.

Mientras Milei participaba del homenaje en la plaza San Martín, en la cuenca Norte de Malvinas ocurría algo mucho más concreto: las petroleras Navitas y Rockhopper comenzaban a trabajar en el yacimiento Sea Lion. Navitas es israelí, país al que el Presidente dedica una devoción política permanente. Rockhopper es británica. El petróleo que buscan extraer está en el subsuelo argentino, pero el gobierno nacional no emitió advertencia ni protesta.

La escena revela una continuidad ideológica que incomoda: Javier Milei y la dictadura comparten una concepción subordinada a Estados Unidos y, por esa misma lógica, un profundo desinterés por Malvinas. Igual que ocurrió durante el régimen militar, el reclamo nacional queda relegado frente a alineamientos internacionales que priorizan otros intereses.

En el acto oficial, además, Milei utilizó la fecha para darle visibilidad a Manuel Adorni, su vocero presidencial, golpeado por denuncias de corrupción y con su imagen en caída. El recurso recuerda a la manipulación simbólica que en su momento hizo la dictadura con la causa Malvinas, una maniobra que terminó generando un profundo proceso de desmalvinización en una sociedad que se sintió engañada por las Fuerzas Armadas.

Durante décadas el peronismo sostuvo que dentro de las Fuerzas Armadas existían sectores nacionalistas, especialmente entre oficiales jóvenes. Pero esa corriente se fue diluyendo desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta perder peso real.

Con el inicio de la Guerra Fría, Washington comenzó a captar a los militares latinoamericanos para apartarlos de su función institucional de defensa nacional y convertirlos en una policía política subordinada a la Doctrina de Seguridad Nacional. El golpe contra Juan Domingo Perón en 1955 marcó un punto de inflexión. Durante los años sesenta y setenta, el continente quedó atravesado por dictaduras de características similares.

En ese contexto debe leerse la operación Malvinas de 1982. Su objetivo no fue la recuperación de las islas sino recuperar la legitimidad perdida de la dictadura ante la sociedad. Pensar que las islas podían recuperarse con Alexander Haig —secretario del Departamento de Estado— como principal interlocutor diplomático es una ilusión superficial.

El informe Rattenbach fue contundente: ningún intento serio de recuperar las islas podía sostenerse con soldados sin instrucción suficiente, mal equipados para el clima y la turba malvinense, con armamento obsoleto y transportes inadecuados. La estrategia defensiva, según ese informe, fue improvisada a último momento.

La operación pretendía ser una gigantesca maniobra propagandística. Fracasó cuando Margaret Thatcher advirtió que la guerra podía fortalecer su posición política interna y decidió avanzar.

La verdadera gesta fue la de soldados de 18 y 19 años, con escasa preparación militar, mal armados y mal alimentados, pero con un profundo sentido patriótico. Esos jóvenes enfrentaron con valentía a tropas británicas profesionales y con experiencia en combate. Muchos de ellos habían sufrido castigos brutales de sus propios oficiales: estaqueamientos, enterramientos y otras formas de violencia ejercidas por mandos formados bajo una mentalidad colonial.

Esa decisión de ir a la guerra en esas condiciones terminó perjudicando el reclamo argentino en todos los frentes: militar, internacional y político. Dejó además en la sociedad la sensación de haber sido manipulada con una causa legítima. Cuando algunos sectores descalifican las críticas a la dictadura en Malvinas como “posturas progres”, lo que aparece es una mirada colonizada que reduce lo nacional a gestos simbólicos: desfiles, banderas y episodios aislados, sin políticas sostenidas.

Hubo acciones valientes dentro de las Fuerzas Armadas, especialmente en la Fuerza Aérea. Pero fueron actos individuales dentro de un escenario general de desorden estratégico.

En la actualidad, subordinado a sus alianzas internacionales, el gobierno compró aviones F-16 que ya son considerados obsoletos y que además llegaron sin equipamiento de combate eficaz debido a las condiciones impuestas por Gran Bretaña. Londres y Washington son socios centrales de la OTAN. Mientras tanto, el Brasil de Luiz Inácio Lula da Silva anunció la fabricación de cazas de última generación como parte de una política industrial y de defensa con desarrollo propio.

En las islas, los kelpers continúan acumulando riqueza gracias a los derechos de pesca establecidos tras la guerra. Ahora se suman las expectativas por los dividendos petroleros. La disputa global también introduce nuevas tensiones. La confrontación de Donald Trump con socios tradicionales de la OTAN genera inquietud entre algunos isleños, que observan cómo los conflictos internacionales giran cada vez más en torno al control de corredores comerciales estratégicos, como ocurre en Groenlandia, en los estrechos de Bab-el-Mandeb y Ormuz o en el canal de Panamá.

Las Malvinas ocupan una posición clave por el control del estrecho de Magallanes y por su proyección hacia la Antártida. Algunos kelpers incluso temen que Trump intente desplazar a los británicos para instalar una base estadounidense.

La disputa global por rutas comerciales también atraviesa otras regiones. Irán, por ejemplo, funciona como un punto estratégico entre Europa, Asia y Medio Oriente. Las tensiones con ese país, impulsadas en gran parte por Israel, están vinculadas al control de corredores por los que circula una parte sustancial del petróleo mundial.

En ese tablero internacional, el viaje de Javier Milei a Gran Bretaña fue anunciado con anticipación. Según la información oficial, el Presidente buscará levantar restricciones para la compra de armamento y pretende avanzar hacia un acuerdo de libre comercio con los británicos. Al mismo tiempo, el gobierno retiró del país toneladas de oro del Banco Central, que según distintas versiones habrían sido depositadas en el Banco de Londres.

El alineamiento automático con Estados Unidos e Israel también está erosionando apoyos diplomáticos al reclamo argentino por Malvinas. Primero fueron los países árabes, molestos cuando Milei anunció el traslado de la embajada argentina en Israel a Jerusalén. Luego llegaron las tensiones con países africanos cuando la delegación argentina se sumó a Estados Unidos e Israel para rechazar una condena al esclavismo.

En el mundo quedan apenas 17 enclaves coloniales. La mayoría están en América y el Caribe. Pero Malvinas es el único cuya soberanía está en disputa con el país al que pertenece territorialmente. El reclamo argentino forma parte de una lucha anticolonial.

La militarización del Atlántico Sur y la disputa global por rutas comerciales endurecieron la negativa británica a discutir la soberanía. Esa situación exigiría una respuesta diplomática firme de Argentina. Sin embargo, el gobierno de Javier Milei sigue con disciplina religiosa las posiciones de Estados Unidos.

La importancia estratégica de las islas —por su papel en el paso bioceánico y su proyección hacia la Antártida— recibe escasa atención institucional. La única protesta concreta frente a la explotación petrolera de empresas anglo-israelíes surgió desde la provincia de Tierra del Fuego, jurisdicción a la que pertenecen las Malvinas.

En la vigilia realizada en la ciudad de Río Grande participaron los gobernadores Gustavo Melella, Ricardo Quintela y Axel Kicillof, todos enfrentados al gobierno nacional. La escena terminó mostrando dos actos y dos concepciones opuestas de soberanía: la del gobierno de Javier Milei y la de quienes insisten en sostener el reclamo por Malvinas como una política concreta de defensa del interés nacional.