MILAGRO SALA: Diez años «Presa Política»

16/01/2026.- Salta al Instante.- Por Nico Ortiz.- Foto portada: Milagro Sala cumple con la prisión domiciliaria en La Plata, donde fue traslada en 2023. Imagen: Adrián Pérez. 
Hoy se cumple una década de uno de los episodios más crudos y reveladores del lawfare en la Argentina contemporánea: los 10 años de prisión y hostigamiento implacable a Milagro Sala, la histórica líder de la organización barrial Tupac Amaru. Lo que empezó como un acampe frente a la Casa de Gobierno de Jujuy en enero de 2016 —pocos días después de la llegada de Gerardo Morales al poder provincial—, se transformó en un verdadero laboratorio de disciplinamiento político y judicial.

Desde ese 16 de enero fatídico, Sala lleva 3.653 días sin libertad, encadenada a una madeja de 15 causas armadas, procesos interminables y maniobras que evidencian cómo la justicia y la política se articulan para perseguir a quienes ponen en jaque al poder hegemónico. No fue un “proceso judicial más”: fue una sentencia política disfrazada de derecho penal.

Hoy, la dirigente está internada en un hospital de Gonnet, con su salud muy deteriorada, mientras una tobillera electrónica parece simbolizar la cadena que nunca se soltó. Organizaciones, referentes y sectores de derechos humanos denuncian que su caso es el emblema de una estrategia de Estado para amedrentar y desarticular a las fuerzas sociales que no se arrodillan.

No es dato menor: bajo gobiernos de Mauricio Macri, Alberto Fernández y, ahora, Javier Milei, la prisión de Milagro Sala siguió firme, incluso cuando organismos internacionales reclamaron por su libertad y alertaron sobre la arbitrariedad de su detención. La Corte Suprema, lejos de frenar la escalada, ratificó y convalidó condenas que sectores críticos califican de dudosas y políticamente motivadas.

Lo que está en juego va más allá de una causa: es una señal para todos los que luchan desde abajo. La historia de Milagro es la historia de una mujer negra, rebelde, que incomodó a las élites del poder y que pagó —y sigue pagando— un precio brutal por ello.

Y aunque hoy su cuerpo esté debilitado, su causa sigue siendo un grito que no se apaga: porque esta década no solo mostró la cooptación política de la justicia, sino también el terror que provoca una dirigente social que no renuncia a su pueblo.