24/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Cae la confianza en el gobierno de Milei Imagen: NA.
La luna de miel terminó hace rato. El Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) que elabora la Universidad Torcuato Di Tella volvió a caer en febrero, y ya suma tres meses consecutivos de retroceso, consolidando una tendencia que desnuda el hastío ciudadano frente al mandato de Javier Gerardo Milei. Según el último informe, el indicador cayó un 0,6% respecto a enero, ubicándose en 2,38 puntos en una escala de 0 a 5, y acumulando un descenso interanual del 6,8%, cuando la gestión había prometido un “cambio profundo” en la vida de los argentinos.
Los datos no engañan: la percepción de que el Gobierno carece de capacidad para resolver los problemas del país se desplomó casi 5% en ese ítem, mientras que la evaluación general de la gestión cayó casi 2% en un mes. La brecha de género se profundizó, con las mujeres mostrando niveles de confianza notablemente más bajos que los hombres, y el Gran Buenos Aires figura entre las regiones con peor percepción.
Este desgaste político y social ocurre en un momento en el que el presidente Milei impulsa una reforma laboral extremadamente polémica, que ya fue aprobada en general en la Cámara de Diputados pese a una huelga general convocada por la CGT que paralizó el país y protestas con violencia en las inmediaciones del Congreso, y que ahora espera el voto definitivo del Senado.
Ese proyecto, que propone extender la jornada laboral hasta 12 horas, debilitar protecciones sindicales y reducir indemnizaciones, ha sido el centro de un choque frontal entre el Gobierno y los sectores populares, con desencuentros que no sólo involucran a los sindicatos, sino también a amplios sectores de la sociedad que ven en estas reformas un regreso a políticas de precarización laboral sin precedentes en décadas.
Mientras tanto, el propio Milei reunió a su gabinete para preparar un discurso ante la Asamblea Legislativa buscando recuperar iniciativa política y proyectar un plan de “50 reformas”, según trascendidos oficiales, pero lo que perciben las encuestas es justamente lo contrario: desconfianza, incertidumbre y rechazo a un modelo que muchos ya consideran ajeno a las necesidades reales de la población.
La caída sistemática de los indicadores de confianza en el Gobierno también coincide con un deterioro del consumo y la actividad económica —como muestra la reciente caída del 1,5% en las ventas minoristas y en productos básicos como alimentos—, lo que agrava aún más el ánimo social.
En un país marcado por décadas de hiperinflación, crisis económicas repetidas y una fractura social profunda, los números de Milei ya no sólo simbolizan gestión, sino síntomas de una gobernabilidad en tensión: mientras sectores del mercado celebran algunos logros como la moderación de precios y la supuesta recuperación macro, la mayoría de la población percibe que el peso de los ajustes lo paga la sociedad, con salarios que pierden valor y derechos laborales en retroceso.
La pregunta que ahora circula con más fuerza en radios, asambleas barriales y redes es esta: ¿puede un presidente cuyo índice de confianza cae por tercer mes consecutivo sostener su programa político sin fracturas internas ni explosiones sociales mayores? La respuesta, dados los datos actuales, parece estar cada vez más lejos de lo que Milei y su entorno esperaban.







