15/01/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: El gobierno de Milei atenta otra vez contra la Industria Argentina, al anular los aranceles a la importación de celulares. Una medida para mantener en un sueño ficticio a las clases sociales más bajas. Imagen. Web.
En un movimiento que sacude los cimientos de la industria electrónica argentina, el Gobierno nacional eliminó por completo los aranceles a la importación de teléfonos celulares, una medida que promete precios más baratos para el consumidor, pero que enciende una bomba económica en el corazón productivo de Tierra del Fuego. Desde este jueves, los celulares ingresarán al país sin ningún impuesto aduanero, dejando a los ensambladores locales frente a una competencia brutal e inédita.
La decisión, que forma parte del Decreto 333/2025 y culmina un proceso de rebajas escalonadas que arrancó el año pasado, fue vendida por el Ejecutivo como una maniobra para “abaratar precios” y “fomentar la competencia”. Para el ministro de Economía, estos cambios son “un nuevo paso en la eliminación de impuestos” y una respuesta supuestamente progresista a la demanda tecnológica del mercado.
Pero mientras en el centro del poder se celebran los discursos de liberalización, en el sur argentino la respuesta fue muy distinta: el gobernador de Tierra del Fuego, Gustavo Melella, advirtió que la quita total del arancel representa un “golpe muy duro” para la industria fueguina, que aporta empleo y desarrollo tecnológico a la región. Según el mandatario, la medida es parte de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que sacrifica la producción nacional en favor de una apertura sin red de contención.
La furia no se quedó en declaraciones. Los gremios metalúrgicos y las cámaras empresarias de la isla austral no tardaron en advertir que la eliminación de los aranceles pone en jaque miles de empleos y la propia continuidad de las fábricas. El temor a despidos masivos y a la desindustrialización es palpable en Ushuaia y Río Grande, donde los sindicatos incluso llegaron a decretar paros en respuesta a la noticia.
Mientras la Casa Rosada jura que la liberalización traerá teléfonos más baratos —alguno incluso hasta un 30% menor en precio final—, el contraste con la agonía industrial del sur argentino es brutal: lo que para algunos es “competencia y progreso”, para otros se traduce en pérdida de trabajo y desmantelamiento de una industria que ya venía tambaleando.
En una Argentina donde los discursos de apertura económica chocan con las alarmas sociales de desprotección, la eliminación de los aranceles a los celulares importados no es solo un cambio tributario: es un detonante de conflicto entre una política de mercado sin barreras y la defensa de un tejido productivo que, sin apoyos, podría quedar reducido a escombros.







