MILEI LO HIZO: 22 mil empresas cerradas y un país que entra en recesión silenciosa

16/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
Mientras el Gobierno pregona “orden y recuperación”, la economía real sangra: miles de compañías bajaron las persianas, cientos de miles de empleos desaparecieron y la “motosierra” sigue su rastro de destrucción.

La supuesta revolución económica prometida por el presidente Javier Milei empezó a mostrar sus efectos más crudos y visibles: más de 22 mil empresas ya cerraron sus puertas desde que el líder libertario llegó a la Casa Rosada, y casi 300 mil empleos registrados se perdieron en apenas dos años de gestión, según números oficiales de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT). El escenario no es un dato abstracto: es la destrucción masiva del tejido productivo argentino que golpea sin distinción.

La estadística de la “motosierra económica” —como ya la bautizaron críticos del modelo— es despiadada: en noviembre de 2025 se dieron de baja 892 empresas, y en los primeros once meses de ese año la pérdida neta de empleadores fue de 9.722, consolidando una tendencia que, desde noviembre de 2023, suma 21.938 firmas menos.

Un país que cierra antes de abrir

Las cifras no mienten. En noviembre de 2023, antes de la asunción de Milei, el sistema reportaba 512.357 empleadores y 9.857.173 trabajadores registrados. Dos años después, esos números se desplomaron a 490.419 empresas y 9.566.571 empleados, configurando un saldo de 290.602 puestos de trabajo formal perdidos.

Solo en el sector de la construcción —uno de los pilares del empleo nacional— la caída fue brutal, genérico de un patrón que se replicó en la industria manufacturera, el comercio y otros rubros intensivos en mano de obra. El efecto estructural del ajuste, la apertura indiscriminada a importaciones y la retracción del consumo interno fueron letales para las pequeñas y medianas empresas, que representan la vasta mayoría del empleo formal.

Un dato estremecedor: más del 34% de las firmas cerradas tenía menos de tres años de antigüedad, lo que revela que no sólo las empresas consolidadas están bajo presión, sino que casi ninguna iniciativa nueva logra sobrevivir en el actual clima económico.

Crisis profunda, respuesta escasa

Mientras desde el oficialismo se machaca con términos como modernización, orden fiscal y competitividad global, la calle y la economía real muestran una Argentina que se vacía de actividad productiva. Según encuestas recientes, más del 70% de los hogares considera que la situación económica familiar empeoró, y más de la mitad ha tenido que recurrir a préstamos para llegar a fin de mes.

Y no es un fenómeno aislado: informes de consultoras privadas y centros de estudios —como el Centro de Economía Política Argentina (CEPA)— advierten que estas cifras de cierre de empresas y pérdida de empleo son parte de una tendencia sostenida que incluye una menor creación de nuevas compañías, una caída en las ventas internas y un estancamiento productivo que no logra revertirse pese a la narrativa oficial.

Derrumbe empresarial y social

El impacto social de este derrumbe económico es enorme. Cada empresa que cierra no sólo deja sin trabajo a empleados registrados, sino que también golpea a proveedores, contratistas, comercios vecinos y familias enteras, generando una bola de nieve de contracción de la actividad económica local. Sectores tradicionalmente dinámicos, como la construcción y el comercio ambulante o minorista, han sido de los más castigados, precipitando cierres aún más acelerados en 2025.

Al ritmo actual, la Argentina de 2026 no se parece a la que imaginaban quienes votaron por el cambio: lejos de reflotar un entramado productivo, la gestión Milei ha acelerado la crisis de empresas y empleo formal, llevando a muchos sectores a una situación de supervivencia precaria o cierre definitivo.

La foto macroeconómica —con inflación controlada o indicadores favorables— puede resultar útil para discursos y presentaciones técnicas. Pero la realidad cotidiana de miles de trabajadores y emprendedores registra una caída sostenida de actividad, de ingresos y de posibilidades de futuro.

Si antes la crisis era latente, hoy es visible, cuantificable en empresas con persianas bajas y nóminas que desaparecen. Y la cuenta, para millones de argentinos, no da final feliz a la vista.