MILEI LO HIZO: La deuda familiar no se frena ni con el aguinaldo y rompe todos los récords

21/02/2026.- Salta al Instante.- Foto portada: Ilustrativa. Web.
La economía de los hogares argentinos volvió a encender las alarmas: la deuda de las familias alcanzó un nuevo récord histórico en diciembre, incluso después de percibir el medio aguinaldo. Los números no solo señalan una realidad económica crítica, sino que desnudan la imposibilidad de millones de hogares de sostener mínimamente sus niveles de consumo sin recurrir al endeudamiento permanente.

El último informe estadístico reflejó que, en el cierre del año, los créditos y deudas de tarjetas, préstamos personales y financiamientos se dispararon mucho más allá de lo esperado para la temporada. En lugar de ofrecer alivio, el desembolso extra que llega con la doble remuneración de fin de año fue absorbido casi de inmediato por obligaciones pendientes, reflejando lo que analistas económicos ya habían anticipado: el aguinaldo dejó de ser una herramienta de alivio para convertirse en un salvavidas mínimo en un mar de compromisos financieros.

El fenómeno no es aislado. En los últimos meses, los hogares de todos los estratos sociales vienen registrando niveles crecientes de endeudamiento a medida que aumentan los precios de la canasta básica, los servicios y las tarifas. El resultado es una ecuación imposible: salarios que pierden valor real frente a una inflación que no cede, y familias que terminan cargadas de deudas apenas entran en posesión de ingresos extraordinarios como el aguinaldo.

La situación se agrava si se considera el comportamiento del crédito en contexto: las tarjetas de crédito y los préstamos al consumo se convirtieron en las vías predilectas para mantener un nivel de gasto que los ingresos ya no alcanzan a sostener. El informe detalló que una parte significativa del aguinaldo fue destinado exclusivamente a saldar deudas previas, pagar intereses y financiar gastos corrientes, dejando escaso margen para inversión, ahorro o consumo discrecional.

Este escenario de deuda creciente se suma a otros indicadores de fragilidad económica que atraviesan los sectores populares y medios: en meses recientes, se observó que el salario real continúa erosionado por la inflación, que la pobreza y la indigencia siguen golpeando a amplios sectores de la población, y que la capacidad de compra del consumido básico se deteriora sin pausa. En ese contexto, el récord de deuda familiar no surge como sorpresa, pero sí como una señal de alarma para la sostenibilidad del sistema económico.

Además, economistas y defensores del consumidor ya vienen advirtiendo sobre los riesgos de un modelo financiero que apela permanentemente al crédito para compensar la pérdida de poder adquisitivo, algo que no solo afecta la salud económica de los hogares, sino que también puede traducirse en problemas sistémicos si la tendencia no se revierte. La acumulación de deudas personales sin un crecimiento real de ingresos plantea un riesgo de sobreendeudamiento estructural que podría tener efectos en cascada en otros sectores de la economía.

La deuda récord de diciembre, lejos de ser un dato técnico más, es un retrato nítido de la economía real: familias que nunca parecen alcanzar a ponerse al día, ingresos que se disuelven ante la primera excusa financiera y un modelo económico que, hasta ahora, no ofrece respuestas concretas para devolverle a los hogares la posibilidad de planificar más allá de pagar la próxima cuota.