06/04/2026.- Salta al Instante.- Por Nico Ortiz.- Foto portada: Milei en el acto de Malvinas. Imagen: N.A.
Mientras Javier Milei intensifica su alineamiento con Donald Trump y Benjamin Netanyahu, la realidad empieza a mostrar el costo de una política exterior que parece escrita en Washington y ejecutada desde la Casa Rosada. La Argentina se transformó, otra vez, en un tablero de ajedrez donde juegan las potencias y donde el gobierno libertario parece dispuesto a sacrificar piezas propias con tal de sostener una fidelidad ideológica sin matices.
El episodio más reciente es la escalada diplomática con Irán. Atado a la estrategia internacional de Trump, Milei decidió avanzar en una confrontación directa: primero declaró “organización terrorista” a la Guardia Revolucionaria iraní y luego ordenó la expulsión del encargado de negocios iraní Mohsen Tehrani. Un movimiento que coloca al país en una disputa global cuyos costos nadie se anima todavía a calcular.
El problema es que, mientras la Casa Rosada sube el tono en la guerra retórica internacional, otro dato apareció casi en simultáneo y dejó al desnudo la contradicción central del relato libertario: una petrolera israelí se asoció con una empresa británica para explotar petróleo en Malvinas.
Las compañías Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum confirmaron una inversión de 1800 millones de dólares para desarrollar el yacimiento Sea Lion, en la Cuenca Norte de Malvinas, con una proyección de 55 mil barriles diarios de petróleo a partir de 2028.
Mientras Milei declama soberanía en discursos inflamados, el negocio del petróleo en territorio reclamado por Argentina avanza sin que el gobierno libertario logre —o quiera— detenerlo.
La política exterior del alineamiento automático
La estrategia internacional de Milei nunca ocultó su objetivo: ubicarse sin fisuras en el eje Estados Unidos–Israel, incluso en momentos de tensión global. La Argentina pasó de intentar equilibrar relaciones a asumir una postura de alineamiento casi total con Washington.
Ese posicionamiento quedó aún más expuesto con la decisión de incluir a la Guardia Revolucionaria iraní en la lista de organizaciones terroristas, una medida celebrada por Israel y criticada por sectores que advierten que el país podría quedar atrapado en conflictos que no le pertenecen.
El resultado es un giro diplomático brusco: la Argentina dejó de actuar como actor regional para convertirse en una pieza menor dentro de la estrategia global de Estados Unidos.
La economía que no cierra
Pero la política exterior no es el único frente complicado para el oficialismo. Mientras Milei apuesta a la confrontación internacional, los números de la economía doméstica empiezan a contar otra historia.
El crecimiento de los últimos años se concentró en sectores primarios como energía, minería y agro, mientras la industria se desploma, el empleo privado cae y el consumo interno se debilita.
Incluso con crecimiento económico en 2025, el empleo registrado cayó, algo prácticamente inédito en la historia reciente del país.
El modelo libertario produce un fenómeno cada vez más visible: crecimiento estadístico en algunos sectores exportadores y una expansión del universo de trabajadores pobres y endeudados.
El riesgo del aislamiento
La paradoja es brutal. Milei pretende proyectarse como un líder global del liberalismo mientras la Argentina se vuelve cada vez más dependiente de decisiones tomadas fuera de sus fronteras.
La apuesta geopolítica del presidente parece clara: subirse a la estrategia de Trump en la disputa mundial con China y en los conflictos de Medio Oriente. Pero ese alineamiento llega justo cuando el propio Trump enfrenta dificultades en el tablero global.
Si la potencia a la que Milei decidió atarse pierde influencia o capacidad de maniobra, la Argentina corre el riesgo de quedar del lado equivocado de la historia.
Un país convertido en escenario
En ese contexto, el país vuelve a ser algo que la historia conoce demasiado bien: un territorio donde se proyectan disputas globales que no nacieron aquí.
Entre la crisis económica interna, los negocios petroleros en Malvinas y la escalada diplomática con Irán, el gobierno libertario parece caminar por una cuerda floja que mezcla ideología, geopolítica y pragmatismo selectivo.
El resultado es un panorama inquietante: un presidente que prometió romper con la política tradicional pero que terminó reproduciendo una lógica conocida.
La de los gobiernos que creen jugar en las grandes ligas de la geopolítica mientras el país que gobiernan paga el costo de cada movimiento.







